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Si te animaras a soñar latitudes y epitelios evadir los insalubres cronómetros desterrar los estúpidos cronógrafos serías capaz de atravesar aquellas paredes racionales que tanto te sofocan en torpes dimensiones materiales.
Verías, verás, se anticipa en el presente el ver cómo el cerebro se te enrieda con los pensamientos longitudinales de mis fuegos Que el corazón del hoy te respira más tranquilo por estar suspirando con recuerdos mi presente.
Tendríamos entonces un tiempo sin relojes. Sin vacíos ancestrales las horas, días, segundos que suceden sin suceder cuando olvidamos recordar lo que nos pasa cuando se nos llenan los párpados de tibiezas y las miradas tienen ojos plenos en las manos extendidas que acarician.
Las arenas del desierto transmutan aguas claras de lagunas como las lunas de tus pechos se iluminan como soles si se desnuda tu cintura de toda ropa urbana cada mañana, tarde día y noches en que enciendes luciérnagas de besos en nuestros horizontes de ternuras.
Si te animaras a soñarme latitudes y epitelios evadirías los insalubres cronómetros desterrararías los estúpidos cronógrafos y así en mi palabra de futuro indefinido podría yo también atravesar esas paredes racionales que tanto nos sofocan cuando nos arrinconan las torpes dimensiones materiales.
En las huellas antiguas de tus manos volvés a impedirme preguntar si será la edad lo que nos separa en el presente o la senda futura de tus piernas. Vuelve como antes tu natural naturalidad a explicarme que sólo el hoy, es lo importante. Innecesario buscarle torpes explicaciones al futuro del deseo. Deseable sí que estén sobre la mesa nuestros cuerpos, horizontales sobrios de futuro o embriagados de epitelio. Consiento. Desnudos o vestidos ser naturalmente naturales. Eso es lo único que importa. Esa única cantidad. Es tan cierta esta certeza. Tautológica. Como imposible mensurar la entrega cuando nos permitamos ser capaces de disfrutar sin medidas el amor y las pasiones.
Inventar en carruseles los siete sentidos sustentados. En sabores de oliva y aceitunas tus arábigos pezones. Mis labios de gitano con tu boca en carmines de manzanos. Por la cara acidez de limas y verdes de limones haciéndonos cosquillas entre los dientes. En los oídos redondos caracoles de tibiezas. Sobre la sequedad de nuestra piel, abundante en humedales todo el sonido de los mares desatados.
Todo esto que te digo importará solamente cuando termine este verano en el desierto. Pero sobre todo cuando los verdes de las piernas se nos vuelvan grises en sus andares ciudadanos y se pierdan neutrales las miradas en las esquinas inservibles de las casas...
Maestro por equivocación, jubilado de la docencia pero no de los aprendizajes, escribidor de textos y poesías, escapador cuando puedo de las alienaciones del System, prisionero de los afectos, esclavo de la honestidad, temeroso usuario de la palabra, contestatario cuando puedo y a veces quiero, especialmente vinófilo de los Rojos de Perdriel, salvo cuando "el agua brota pura y cristalina de la madre tierra", vividor consuetudinario y con suertes extraordinarias. Creo que todavía estoy vivo.En la primavera del 2.010 se me murió la poesía junto con unos cuantos pedacitos de corazón. Pero he vuelto, "cantando al sol como las cigarras", a sobrevivirme.