sábado, 31 de octubre de 2009
Un manzana perfecto
- Y ahora me voy, te juro que me voy en serio. ¿No sé si me entendiste?- le aclaró la obvia pregunta jurada como respuesta.
El se quedó, como siempre le sucedía con estos recurrentes planteamientos, sin otra palabra en su boca que un cigarrillo encendido, chupado a lo murciélago antes que disfrutado como placer.
-Nunca me contestás. Te quedás callado. ¡Decime algo, lo que sea!. No, si parece que estás fumado - le había achacado ella, setentista, ante su silencio tambien reiterado.
- Yo no podía creer que de esa boca femenina y perfecta pudiera salir una puteada de camionero de la Boca.
- Pero si en la Boca no hay camioneros... - intentó contrarestar su mejor amigo.
- Bueno. Entonces imaginate cómo sería. ¿Me puedo servir otro?- y sin esperar consentimiento, rellenó hasta la mitad el vaso whiskero.
-Con éste calor y sin hielo, ni agua?
-No calienta, tengo ganas de "mamarme bien mamao".
-Está bien, después de todo viejo, emborracharte es cosa tuya, pero el whisky es un hipotensor y con zonda, lo más probable es que terminés con un infarto real y no con el conflicto con tu esposa.
- ¡Ma sí!
-Atendeme en serio lo del infarto, pelotudo - Y luego conciliador - ¿bueno así es que andás mal con, cómo me dijiste que se llama tu señora ?
- Carmen, pero es al revés, es ella la que anda mal conmigo.
- ¿Y eso desde cuando?.Che, qué raro.. se los veía tan felices...casi te diría la pareja perfecta...eso salvando las distancias...para mí siempre se parecieron a la Bella y el Bestio, pero eso sí, siempre tomaditos de la mano, con ojos de ternero mamón.
- La bella y el Bestio, así es que ahora, aparte de médico, trasgresor de una historia clásica...
- Es una metáfora, Juan, no seás inocente. Nadie puede entender todavía cómo una mina tan bonita como ella se fijó en un neanderthalensis urbanus como vos. A propósito, cómo fue que...?
- La estética no tiene un carajo que ver, güevón. Pero sí Carmen es un minón, y de acuerdo a tus cánones pelotudos y hegemónicos, yo no tengo el phisique du rol para una Claudia Schifer mendocina. Por lo tanto vos, al hacerme esa cargada, sos un hegemónicamente pelotudo.
- Humm, siempre con ese lenguaje rebuscado, intentás ocultar el nudo de la cuestión. Nunca me contaste cómo la enganchaste.
- Fue el anteaño pasado. Habíamos ido con la barra al hipódromo. Se corría el Gran Premio Clásico Patrón Santiago. Ella estaba mirando hacia las gradas, con ese "airecito fashion" que tiene la gente de la 5ª. Pero bueno, fue esa cola perfecta, un Ten apple, lo que hacía que se destacara por sobre el resto, sobre cualquiera de las mujeres que estaban ahí. Es un manzana perfecto. Sin vueltas. Perfecto. Es la curvatura más áurea desde que los griegos inventaron el número de oro. Yo me arrimé y le pregunté si me aconsejaba al ganador... y lo demás... sucedió simplemente. Y con respecto a vos, que supuestamente sos mi mejor amigo desde el Liceo Militar... Volviendo a las hegemonías, comparemos, yo 1,65; vos 1,85, yo, "morochito del abasto"; vos, todo un Chicago Boy Médico, buena guita con tu clínica privada y de lujo para que las minas que dan el canon vengan a las pilates, liposucción, afianzamiento de glúteos, botoxización de la trucha, siliconamiento de las tetas... A Carmen no le haría falta, sigue siendo perfecta. Una mujer perfecta. En eso.
- Epa, epa, eso sí lo entiendo, pero lo otro respecto de mi profesión y de esta clínica, me parece calentura y complejo de negrito, que nunca lo perdiste, ni siquiera cuando egresaste de subteniente de reserva y medalla de oro. Insultá ahora lo que querás. Pero bueno, no debatamos estérilmente. Te recuerdo que fuiste vos el que vino acá buscando consejo de un "experto"¿Cuál fue el verdadero desencadenante de la cuestión?
- Que ni siquiera puteo cuando tenemos una pelea... Sabés qué me dijo las otras noches?. Fue al otro día que te llamé, hacía como un año que no nos veíamos ¿te acordás?. Me despertó , serían como las tres y media, y me acusó que se me había parado la... pero que esa noche ella había querido... ¿me entendés? Y que yo no había querido porque seguramente tendría otra, seguro que "con alguna putita barata de esas que...y ahí fue cuando me largó la puteada de camionero de la boca. Camionera de la boca, tendría que decir...La verdad, no sé lo que le pasa, y como no sé lo que le pasa, me quedo callado, fumo, y fumo, y ella se calienta más, y más fumo, más me putea, más me enculo yo, que no puedo putear ni siquiera a un gato negro cuando se me cruza por la calle...y así me voy al laburo, maldormido, entabacado, embolado y sin ganas de... con nadie, ni siquiera con la secretaria del liceo, que hace rato me da vueltas y vueltas, pero yo no, nada, te juro que le soy fiel a la gringa, y eso que la mina es una "Pampita" . Pero no, no hay caso. Y bueno así estamos hace un par de meses. Ella que no quiere tener relaciones conmigo, que yo la engaño, y otras estupideces por el estilo.Así es que Nou Full contact. ¡Niente!
-Bueno una cosa es segura, vas a tener que dejar de fumar, che.
El interfono, suave, los interrumpió
- ¿Dr.?, sonó clara y profesional la voz de la secretaria de la clínica. Llegó la paciente...
- Sí, Matilde- la interumpió el médico -Yo le aviso. Escuchame Juan, el tiempo es tirano en esta clínica, la podemos seguir otro día?.
- Si claro, no hay problemas, ya me voy.
-¡No! Por ahí no, que da a la sala de espera. Si te ven salir y te huelen el tabaco y la malta me quedo sin pacientes. Vení, salí por acá, disculpame pero es que ya estás medio medio, eh?.
- No, hay problemas, viejo. Bueno Gracias por todo,che. Vos sí que sos un amigo,¿eh? -Terminó con la lengua medio enredada.
- Por supuesto, hombre, por supuesto, para qué estamos acá,eh? La Gloriosa promoción del '91,eh? ¡Mi Subteniente...!-le dijo el médico haciéndole la venia militar.
-Descanse, subteniente, descanse...bueno,che, gracias por todo...A ver cuando te caés por casa,che.
-Y difícil, che, muy difícil.Con lo de la clínica no salgo a ningun lado..así es que,bueno chau chau
- ¿Matilde?
-¿Sí doctor?
-Dígale a la señora Carmen que entre. Y no me pase llamadas hasta que le avise
lunes, 26 de octubre de 2009
Laura
Porqué escribir en amarillo cuando alguien
puede tener el arcoiris en la punta del cabello
No, que no está bien que el reloj se detenga a las 23 y 17
Me calzo los auriculares y pienso en bailar la luna
zamarrear al sol y comer un helado
de chocolate almendrado.
Es octubre y el jazmín del país
está listo en su parra en mi patio
en el frente de mi mirada.
En una semana los azahares destilarán
la suavidad de cintura de una mujer
a los cuarenta y pico.
Construyo un tonto e inexacto silogismo
No toda mujer tiene aroma de jazmines
alrededor de la cintura
ni toda cintura es suave
más que a los cuarenta y pico
Muy pocas han sido las que han tenido
ternura de pájaros y alas de amante
para mi vuelo sin patria
Eso ayer, o hace algún tiempo, pero hoy
hoy solamente una y ninguna otra
lleva arcoiris en la punta del cabello
Aquel amigo peruano y poeta escribió
cuando me preguntan cuál es tu patria
yo no respondo, pido que me muestren
la palma de sus manos
chocolate almendrado y el crujir de las almendras
y una boca madura de cuarenta y pico
pero sus labios de durazno
ah!, pero sus labios de durazno
qué de primaveras estan riendo
Ha pasado setiembre y es el octubre
en que mi patio se viste
de suaves azahares blancos
y su delicado perfume
me embriaga lentamente la memoria
Pienso en las mujeres perfectas
amadas bajo el hemiciclo
entretetejido de jazmines blancos
que no fueron tantas ni tampoco
fueron tan pocas, pero ¿acaso esa cantidad
importa en el amar y ser amado?
A Laura le importan cosas más importantes
que las amantes que yo haya tenido
A ella le ha vuelto a crecer el pelo
y hoy se fue comprar colines
para hacerse unas chapecas.
En un día como hoy
pienso en Rainer María Rilke
y llora sobre mi hombro
pero de estupenda alegría la alegría
que da saber que Laura tiene un largo de cabello,
unos centímetros apenas de longitud
¡suficientes para dos chapecas!
Ese arcoiris en la mirada de Laura
tiene medida y cantidad
sin límites
pero sus labios de durazno
ah!, pero sus labios de durazno
qué de primaveras están riendo
y en su pelo entretejido
un arcoiris de jazmines
al llegar octubre
han vuelto a florecer
viernes, 16 de octubre de 2009
Cálida sombra entre las sábanas (reedición)


Misha, by domai.comEsta mujer está desnuda
y sin embargo está despierta.
Me espera y sin embargo es solitaria.
Yo la he soñado y sin embargo
existe
existe
está llena de oceanía y acantilados celtas.
No debe ser ella la que me besó en la boca
se durmió en la esquina gris de una amapola
y bebió en el sol un fuego de otro mundo.
No, nada de eso
No.
se durmió en la esquina gris de una amapola
y bebió en el sol un fuego de otro mundo.
No, nada de eso
No.
Por eso su cadera es apenas una redondez
una silueta de curva, una locura geométrica
que desquicia al poeta mutado en matemático
que quiere medirla,
calificarla, centrarla en la lente
en el ojo, en el hueco de la mano izquierda
y seguir
puliendo esos detalles del fondo, la luz, el reflejo de la calle
que filtra con sus ruidos la ruidosa realidad
detalles que no son importantes, pero es que la altura, el talle
el ombligo
el pezón ahuecado que molesta molesta
molesto,
como sus labios, labios
esos labios apenas un rojizo
aleteo entre los dedos.
que quieren impedir que vuele como los pájaros
como las alas, sus brazos desnudos
son dos alas quietas
De pie, su boca que nunca besó la mía
es apenas una sonrisa de diamante
perfecto
perfecto
perfecta
y el incendio de su pelo
rojo,
rojizo,
de fuego
apaga el mar y me despierto soñando
que los sueños son perfectos perfectos
perfecta
y luego la pinta, la fotografía, la imprime en la tela
la dibuja en el aire, le suelta los dedos
talla la madera de un roble rojo de otoños, de fuegos
de longitudes y maltas, la acuna, se duerme en su cadera
que nos es tan redonda ni tan perfecta
pero qué importa
no importa su porte ni ese equilbrio en caída
hacia la oblicuidad de su hombro izquierdo
hacia abajo se cae, la endereza, sabe que ese porte del porte es importado
que se baje, que cambie el pie de apoyo, rutina, de nuevo, el otro pie, la boca el maquillaje etéreo sobre los labios, las medias, la cintura, el ombligo, la luz, la pantalla, la ventana.
Ella sigue allí, con su mirada interrogando
y yo me voy despertando
pero sigo soñando que estoy dormido
y ya no la dibujo, ni la pinto ni esculpo, ni discuto
sólo cruzo una que otra palabra
con la cálida sombra entre las sábanas.
Lleno otra vez el vaso de vidrio, de cristal, de diamante
abandono el pincel, el cincel, el óleo, las esencias arábigas del olivo
olvido la lente de la cámara,
se pasa molesto la mano
por su propios ojos, hinchados,
y se recuesta a beber su borrachera de maltas y de escocias
de rimas y música de palabras que trasnochado le han hecho creer
que es capaz de poseer el sueño perfecto perfecto
de una mujer cálida asomando entre las sábanas.
Como todo sueño de poeta
cierra la mano pero abre los dedos, y ella vuelve a volar
sobre sus párpados la canción de cuna
de una mujer perfecta perfecta perfecta
y vuela sobre el alféizar, desvaneciéndose en las sábanas de la noche.
jueves, 8 de octubre de 2009
XUMEC KTEN CHEZ



Pienso que exista el Tiempo
Cielo Sol Luna
Aire Tierra Agua
Cielo verde,
Sol caliente,
Luna plena,
Aire claro,
Tierra fértil
y Azules aguas
Con ellos haré un grano perdurable
que será viento con el tiempo
suave viento de los tiempos en el aire
Habrá un lucero,una lengua, un habla
Un territorio con su nombre
una sangre originaria
Bajo los cielos del país
de la dorada arena que me invento
seré un poco tierra
todo sol y algo de luna
Cuerpo de Maíz,
y Alma Transparente de Laguna.
Xumec kten Chez cu yag, kten teta, kten aka cu axe
(Sol y Luna soy, y Tierra, y agua Soy)
Telam cu yag kten libre aire cuyum
( Maíz soy y libre aire entre la arena)
Cuyum cuyo cu axe. Ha
(Soy arena, dorada arena.Sí)
Kumec kten Chez, teta kten aca telam, há
(Sol y Luna, tierra y agua
y amarillo Maíz, Sí)
Llankanelo Pehuenché
gente de los pinos en la laguna
perla verde y azulada
Milcallac huanacache cuyum
en el país de la arenas
gente que admira las aguas que bajan
Milcallak huanacache entre la arena
huarpe cuyum, ha
de la arena y lagunero, sí
Huarpe cuyum telam, ha
Alma de laguna y cuerpo de maíz, sí
sábado, 26 de septiembre de 2009
Credo inconcluso
Yo creo
en la longitud de tu sonrisa
cuando iluminás el amanecer
antes o durante o después
que nos entrelazamos los dedos
los ojos
las piernas
el viento en la mirada
pero más creo
en la altura de tus pezones
amamantando la manifiesta locura
de una tarde de zonda
Yo no creo, pero para nada nada nada creo
que Dios haya inventado el Universo
y sin embargo creo
en la redondez perfecta de tu cadera
el pequeño ombligo, tus pechos de manzanas
y tu pelo que incendia mi cara
en esta tarde de verano
No sé cuánto valga la pena
la palabra profunda de un filósofo
recordar la morbosa superficialidad
de un diario amarillista
la estupidez norteamericana y genocida
y embriagarse con vino de chañar
de arroz o de uvas morenas
Pero de veras creo,
pero de veras creo
que esta noche me seguiré emborrachando
bebiendo solamente de tu boca de estrellas
y al amanecer creeré de nuevo
en el amanecer
viernes, 11 de septiembre de 2009
Cuerpo mendocino de mujer dorado por el sol del casi otoño
Fue tan natural el abrazarse profundo y recorrerse los cuerpos con las manos... un realismo mágico que los haría olvidarse de la pragmática realidad de los manifiestos fundacionales. Apretarse, fundirse, besarse, acariciarse las heridas y volverse a besar, envolvía la conciencia de haber estado a punto de perder la vida por una simple pintada. El simple, irracional instinto natal de supervivencia era ahora un goce consciente de estar sintiendo la vida. Sobre todo el médico, que hasta aquí había llevado la militancia creyendo posible una mendocina Revolución de los Claveles, sin pensar que las batallas idílicas por la libertad tendrían siempre como alternativa la presencia de una cadavérica, desprovista de emociones e invisible señora de negro esperando con su cuchilla afilada y siempre lista, para agarrarlos en un descuido. Como el de esta noche.
Lo que les está sucediendo, a ambos, ya había sido percibido bajo la piel desde aquel encuentro en el Madrid, en el beso francés robado antes de subirse al colectivo, pero ignorados a la fuerza por el exacto mandato de “la organización así lo establece como requisito normativo”. Militar había implicado contener ese tipo de emociones, tener siempre el corazón frío. Hasta ahora, en que la posibilidad de perder materialmente la vida, les ha hecho recobrar el espíritu que la sostiene.
La simple sensualidad de estas primeras caricias, libres de ataduras dogmáticas, los hace entrecruzarse las almas por las bocas sin decirse nada. Para qué hablar. Si una hora atrás habían muerto durante un segundo, infinito y definido, al terminar la pintada que creían intrascendente, cuando al abrirse la compuerta de goznes chirriosos aquel caño negro asomó desde la ventana tirándoles un tremendo ataúd encima.
Las calaveras de huesos tembleques e hilarantes que les habían franeleado el aliento, no eran las dibujadas por Sergio Sergi, sino por San Chumbo y a partir de esta noche, las calaveras y los ataúdes, siempre serían para él caricaturas morbosas de la risa de los árboles movidos por el viento. Muecas óseas y cínicas las carcajadas de la Parka, por más que le castañetearan falanges en corridos a San La Muerte en los exquisitos grabados de Guadalupe Posadas. Los inertes esqueletos de estudio, huesos hercúleos de músculos empuñando armas reales. No todo estaba perdido sin embargo. Las eficientes musculaturas que tipeaban esténciles, escondían pesados mimeógrafos, agitaban aerosoles para grafitear paredes, ahora eran inútiles para dominar los latigazos de ternura sensorial que los abarcaban. Manos y bocas de combatientes armados de papel y aerosoles, ahora se buscarían en los cuellos, en las caras, para dibujarse uno sobre el cuerpo del otro. Herramientas diferentes a las usadas en los panfletos o los muros, los dedos dejaían de ser torpes y ásperos arrojando petardos, empuñando armas de juguete. Las piernas, relajadas de la tensión muscular de la reciente corrida, se abandonarían unas sobra las otras explorándose en una búsqueda más trascendente que la ruta de escape planificada.
Sólo se vive una vez, agente Sanches, diría la caricatura local del James de la película, y en este filme real que acaban de protagonizar, habiendo quemado una y no sabiendo si tendrían otra, creyendo o no en Dios, él o María, alguno de los dos se haría devoto del primer santo que figurase en el almanaque de la juventud peronista, en cuyo calendario el 26 de julio señalaba en rojo a Santa Evita. Y si no católicos, mahometanos o budistas, todos los caminos conducirían a su Katmandhou sensorial, porque están emergiendo nuevos en cada caricia, limpios del barro fangoso de la muerte, respirando agitados por otras urgencias.
Una arquitectura química ha transformado el terrorífico frío reciente en cálidas, sofocantes, esperanzadoras oleadas sensoriales, a pesar de la ropa que los separa. Un corte de manga será dado, por hoy al menos, a la muerte asomada en el postigón metálico, a la desidia paralizante que buscó truequearles pintadas por cadáveres, y trasmutar el terror sensorial, en amor sensual; eternidad en el fuego de un beso, antes que efímera llama en la boca de un arma; profundidad en los labios , más que en el contenido de un panfleto; sus manos y caricias, más que en armas y disparos.
Pero aún faltaría mucho para valorar en plenitud ese instante. Aún la Patria nos seguiría reclamando muchas más veces, ofrecer la vida, la única propiedad de la que no éramos propietarios, por la libertad del pueblo, aunque después vinieran las pesadillas interrogando el pueblo donde está, el pueblo
María me aparta un poco para sacarse el pulóver que la está sofocando. Estallan chisporroteos como leña de retortuño, cuando yo hago lo mismo con mi cárdigan.
-Ey, qué fue eso.
- Estática, electricidad estática. La lana de tu pulóver debe tener mucho acrílico y al pasar por el pelo, las cargas se repelen estallando. Son diminutos arcos voltaicos… - afirma Juan Carlos Volta de Rana, 4° año del colegio secundario - y ahora, con lo que estamos haciendo, se provoca más carga, este... por frotamiento.
- Ah, entonces quiere decir que si... ¡AU!... duele.
- ¿Ves? pero es sólo el principio, una vez que se descarga, ya no saltan más.
- ¿En serio ?
- Seem.
Sin dejar de besarnos, comienzo a desprenderle los botones de la blusa.A la altura de sus pechos estoy indeciso. Imágenes de la corta relación platónica con aquella chica que quería llegar virgen al matrimonio a costa de mis dolores testiculares, se mezclan con las lenguas libertarias de Zabriskie Point, las neutras masas musculares, glándulas y patologías, el estudio de los centros neuronales del placer, la Esther Villar con Masther y Johnsons. De Julia, más vale que ni me acuerde, pero sí de la primera y maravillosa vez con Mariela y el exquisito, puro y juvenil sexo fallido con María De los Mares. De mi compañera de Orga, no puedo pensar nada porque encima de su avasallante belleza, “en esto te equivocás, y me vas a hacer equivocar a mí también”, por lo tanto, todavía siento temor al desconocer cuál será su reacción.
Es necesaria una teoría nueva, una praxis sobre la marcha, intuir las sensualidades hawaianas de Michener, a las que también la flaca parece querer despertar suave y continentemente. Sin embargo, me parece que todavía estamos demasiado atentos uno a la reacción del otro, quizás temiendo un “paremos aquí, que esto no está bien, acordate que la organización dice...”
- A la mierda con eso.
- Queem - se sobresalta María.
- Nada, estaba puteando a las normas de la organización.
- Ah, bueno.
A medida que nos sentimos más lejos de los fierros de hace un momento, y del aparato con sus reglas, y consignas memorizadas a fuego por seguridad, nos crece el deseo simultáneo, espontáneo y primitivo, de hacernos el amor. Nos volvemos a besar, ahora larga y muy apasionadamente. Nuestros labios ya no reciben chispas, sino que describen a Neruda.
Mientras ella me acaricia con suavidad, yo tomo sus pechos, pequeños, redondos, firmes, de pezones duros, para hacerles un masaje cardíaco, que Liotta envidiaría, y Barnard recomendaría para sus trasplantados. Desabrocha mi pantalón, me baja el cierre, mi pantalón se cae. Trato de hacer lo mismo con su vaquero, pero, detenido apenas más debajo de la cintura, (que no se me escape ninguna estupidez con las manzanas) va cediendo a tirones, a medida que las curvas lo van permitiendo, arrastrando con el tironeo su ropa interior.
La media desnudez en que nos encontramos, nos hace aparecer absurdamente ridículos. Ella, con su corpiño encima de los pechos; los pezones erectos bajo el alero del sostén y la panty a medio bajar junto con su vaquero. Yo, con mis pantalones arrugados en los pies, medias tres cuartos a media pierna, y un pene enhiesto y oscilante, asomando por la bragueta del calzoncillo, conforman una anti-erótica desnudez que nos avergüenza, y nos hace enrojecer más que la bandera del MRP-2
El cuerpo joven de un humano totalmente desnudo es bello, simplemente hermoso. No hay más que verlo en la quietud diurna de las estatuas griegas de las plazas y museos. Y tambien a los vivientes, aunque algunos no tengamos el número de oro en las proporciones, o estemos en el círculo sagrado de Da Vinci. Vestidos, somos convencionalmente atractivos, según lo sugieran las modas. A medio desvestir, como ahora el de María y el mío, resultan aún en la intimidad contextual, más bien, ridículos.
Reacciono apenas a tiempo para bien de la estética, la pasión y el amor que pienso se ha de venir diciendo voy a cerrar con llave, no quiero que la abuela se despierte y crea que somos chorros.
Me guardo la cosa dentro del calzoncillo, (se niega la cosa y me duele) arrastro los pantalones, cierro la puerta, abro la puerta, doy vuelta el cartel con el Padrino que dice cuidado con Paturuzú por las dudas de no sé qué, cierro la puerta, pongo la llave con doble vuelta, apago la luz, me saco los pantalones y me meto en la cama, donde ya me espera la flaca totalmente desnuda (¿en qué momento se desvistió entera?).
El farol de la media cuadra se cuela por un resquicio de la cortina, dándonos una media luz tanguera. Después de un momento de duda, tapados hasta las cejas, separados, rígidos, me termino de desvestir, y luego, ya ambos totalmente desnudos, nos abrazamos para tiritar juntos con las pieles de gallina, (¿no era que se salva la vida de un congelado cuando uno se desnuda y se acuesta al lado? ¿Ah no? ¿ No necesariamente? Aunque… a ver… a ver)
( Yo hubiera necesitado algún instructivo extra, releer algún texto orientador, pedir un break antes que el cuerpo de la flaca se duplicara en el mío, porque sus piernas se enredaron en las mías impidiéndome hacer otro movimiento que no fuese el que la naturaleza, desbordada de teorías me marcaba. Antes de darme cabal cuenta de lo que sucede, un largo suspiro entrecortado, despierta del ensueño a mi flaqui.)
- ¿Terminaste? ¿Ya terminaste?.
- Sí, sí, lo siento, pucha mayo, lamento, es que no pude...
- No, no, está bien. Todo está bien, pero no te salgás, quedate dentro mío, por favor.
Con una dulzura más propia de su femineidad que de su experiencia, ella me busca secretos, paciente en su urgencia, tratando de volver a despertarme cada parte del cuerpo con caricias suaves, besándome los párpados, las manos, cada uno de los dedos. Encadenándome a sus piernas para no desacoplarse, se coloca por encima mío, duplicando con el mío su cuerpo liviano y delicado. Así se queda un instante, mirándome profundo, inmóvil, con su espalda arqueada hacia arriba, apoyadas sus manos en los hombros, el pelo desordenado cayendo sobre su cara, ocultado su rostro por la penumbra.
Al llevarse con una de sus manos el pelo hacia atrás, sus ojos me miran con tan profunda intensidad, que, si solamente fuese esta vez, si nunca más tuviera la oportunidad de estar dentro del cuerpo de una mujer, habría bastado esta sola mirada de María para conocer la exquisitez de la femineidad sensual
Larga curva de femineidad / se insinúa con la clara luz de la mañana / Con el sol que nos deslumbra, estirás los brazos / para balancear el etéreo peso de tu cuerpo / / Acariciando esa eternidad sensual / apenas limitada por la sutiles líneas de tus formas / despertás hacia el deseo / Anudando tu espalda de barco a mi cintura de puerto / enlazo mis piernas, a la pasión marinera de tu barco // Boca de uvas maduras / digo apenas en mi habla empobrecida / por el vino de tu lengua / Aún así, pretendo ser poeta / embriagado por las rosas de tus formas / sintiendo tañer la música de tus piernas / / Antes náufragos, ahora navegantes en bajeles de seda y fantasía /ebrios de mar y sedientos de distancias /al fin hemos vuelto para encontrarnos
-¿Cuando escribiste eso?
- Antesdeanoche. Me había quedado mal por seguir recordando a Mariela mientras estoy con vos. Vos estabas muy dormida y yo no podía dormirme. Me senté en la cama y te miraba. Te miraba. No podía dejar de mirar la exquisitez de tu cuerpo, pero sobre todo, el mucho tiempo que ha pasado sin haber agradecido a la mujer infinita que sos. Pensaba también que he sido muy injusto con tu ternura, y tu paciencia, cada vez que me asomaba y asoma la locura. Sí, si. Yo lo sé. No te olvidés que soy médico, y que no sea un doctor de la mente, no me impide ser consciente de mi estado psíquico. También de mi estado afectivo. Entonces, mientras te acariciaba la espalda, me surgió de repente el volver a escribir un poema, cuando recordé aquella primera y única vez que hicimos el amor.
Aparece en sus ojos una leve sonrisa giocondina. Baja entonces para besarme el labio que ya no siento para nada hinchado. Cubre mi boca con la suya, su lengua me dibuja un mundo dentro de la mía. Sus manos me acarician aquí y allá, o me pellizcan, me contornean una y otra vez. Su boca son dedos, sus dedos son lenguas, su cuerpo un calor de verano en enero que acuna mi sexo dormido en movimientos tibios y cadenciosos.
Con todo el tiempo del mundo contenido entre sus dedos y su lengua, su búsqueda será una progresiva estimulación sensorial en la conquista del deseo, hasta que las frazadas molesten, las sábanas estén de más, y vuelva a sentir la primitiva sensualidad de la desnudez.
Puedo entonces devolver cada una de sus caricias y pellizcos y ser paciente, tal como me acaban de enseñar, recorriendo con mis manos la lenta longitud de sus brazos y sus piernas. Con mi lengua marcar la dimensión de su cuello. Recorrer con mis manos sus hombros toroidales, madurar con su calor sus pechos de manzanas del Tunuyán.
Se detiene mi boca sedienta a beber de sus pezones maternales. Salgo del desierto en busca de los oasis que rodean su ombligo. Me río infantil con sus cosquillas, recubro de ternuras las curvas de su cintura y su cadera, llego con timidez de explorador hasta los rebeldes pelillos de su sexo. Nuevamente conectados con tal exacta intensidad, somos uno sólo, ya expectantes, ahora rugientes, más tarde silenciosos o jadeantes.
En total armonías de cielo azul y lluvia fértil, tierra y árbol, sol y luna, agua y verde, se curvan dialécticamente las geografías de nuestros cuerpos convirtiéndose en arco y en arquera, continente y contenida, barca y navegante, mar y acantilado...
Cuanto más haga el amor, más haré la revolución, cuanto más haga la revolución más me gustará hacer el amor. Amantes del mundo unidos, obreros y estudiantes se abrazan en parís 1.968, y en este barrio de calles de tierra de la 4ª oeste 1.976. Hoy somos más sabios que Ho Chi Min, más revolucionarios que Mao Tse Tung, menos anárquicos que Trotzky, más claros que Perón, tan contundentes como John William Cooke, más lógicos que Marcuse, y tan dialécticos como Marx, pero si Evita viviera sería montonera, y luche luche luche, no deje de luchar, por un amor libre, liberado y popular.
¡Abajo la guerra ! ¡ ABAJO ! ¡ Arriba el amor ! ¡ ARRIBA ! ¡ María, PRESENTE ! ¡ Juan, PRESENTE! Hasta la victoria SIEMPRE CARAJO. Hasta la victoria BUENO QUÉ TANTO. Vamos a cambiar la dictadura del proletariado por el socialismo del amor, María te quiero, Flaco te quiero. Estalla la revolución en nuestro cuarto y en todo el mundo. Fuera los yanquis de Viet Nam, ¡fuera!. En París ’68, vive L’Revolución.¡vive! ¿En Puerta de Hierro?, no. ¿En Santa Clara?, sí. No fue posible en Bolivia, pero sí en la Sierra Maestra, también lo será en la casa de mi abuela. Creamos un nuevo idioma, revolucionando esta árida provincia del cullum desértico, inundando de ríos vitales al Valle de Huentota; Desterremos el mapuche que tiene pocas esdrújulas, reinventemos el Milcallac, que tiene pocas palabras. Vivan los pueblos originarios, el Inti y la Pachamama. Seamos huarpes laguneros como Huaquinchay, y no tehuelches terratenientes como Patoruzú. Prolonguemos a Huaymallén en un oasis irrigado que estire los verdes estivales hasta las lejanas Lagunas de Huanacache. Que en cada movimiento de nuestros cuerpos, los desiertos se humidifiquen y crezcan las uvas tintas, moscateles y blancas en los vinos nuevos. En cada golpe de reja, nuestros cuerpos entreguen una renovada oración a la Virgen de la Carrodilla, patrona de los viñedos, y del niño nuevo que algún día gestaremos, a medida que nuestros sexos se canten, agiten, y gozen tan plenamente como ahora. Vive el momento de hoy, ¡como si fueras a morir mañana! ¿Y el de mañana? ¡Como si fueras a morir nunca!
La apasionada y mutua entrega comienza a darle vida a los afiches que alguna vez tuvimos en los muros de las casas o el partido. El Che Guevara, con su boina negra y estrella roja, nos sonríe de oreja a oreja; enciende el habano, nos mira profundamente desde sus ojos esperanzados, levanta el puño izquierdo cerrado en alto y sin decirnos algo se vuelve feliz a Santa Clara. Atrás de él aparece un prolijo y engominado Perón, con reluciente uniforme de teniente general, haciendo encabritar su caballo pinto. Se saca la gorra de oficial, nos guiña el ojo y nos dice gardeliano, muchachos eso es lo que yo estaría haciendo, si tuviera veinte años menos. Pero tengan cuidado, compañeros. No quieran ser más peronistas que Perón. A su lado una Evita pálida y ojerosa se desprende de los brazos del general, atenaza los suyos a los balcones de la Rosada. Desde allí , levantando ambas manos, pide silencio hacia la plaza, cuyas muchedumbre la aplaude y ensordece con vítores y lágrimas. Ella nos está buscando en la multitud y cuando nos encuentra, desaparecen sus ojeras, sus pómulos se rellenan de calor, su energía de siempre la envuelve en un vaho de soles. La multitud rumorea, se calla, se desdibuja hacia un horizonte de banderas agitadas que pregonan las tres verdades de la patria. Su voz, habitualmente disfónica, resuena claramente haciendo innecesarios los micrófonos.
-Compañeros… silencio por favor. Les quiero declarar a estos jóvenes compañeros, Juan y María, que hoy han dejado de ser estúpidos e imberbes. Ustedes me han vuelto a la vida, muchachos, ustedes hoy, han derrotado a la muerte. No la desperdicien. Por eso llevaré en mis oídos vuestras palabras, vuestra militancia, y vuestro amor, que es la más maravillosa música del pueblo. ¡El amor todo lo puede compañeros, no se dejen engañar! Ámense, che. Quiéranse. Amen al pueblo, no lo traicionen. Sean más peronistas que Perón, carajo. Hasta la victoria, siempre en la lucha con ustedes, compañeros!
Cuerpo mendocino de mujer / dorado por el sol del casi otoño. / Pleno y real / asimismo metafórico y geográfico / me atrevo a compararte. / Voluptuosa forma de Altos Limpios la cadera / frescura Huanacache de humedales en la lengua / cintura de Tunuyán, espalda del Atuel. / Lenta y montañosa orografía descubierta, / Ojos del Salado son tus pechos. / Un Tupungato en erupción, el bajo de tu vientre. / En la abrupta soledad de la entrepierna / selva púbica y desierta / entraré a fecundar por las hijuelas / la cálida aridez de tu viñedo. / Parrales y espaldares serán recorridos por mis manos / y grano a grano, cosechados los racimos / Nuestros cuerpos ondularán / presagiando la vendimia. / Verbo o sustantivo, será en tu boca compañera / donde el vino nuevo me emborrache de coraje las palabra.
Lo que les está sucediendo, a ambos, ya había sido percibido bajo la piel desde aquel encuentro en el Madrid, en el beso francés robado antes de subirse al colectivo, pero ignorados a la fuerza por el exacto mandato de “la organización así lo establece como requisito normativo”. Militar había implicado contener ese tipo de emociones, tener siempre el corazón frío. Hasta ahora, en que la posibilidad de perder materialmente la vida, les ha hecho recobrar el espíritu que la sostiene.
La simple sensualidad de estas primeras caricias, libres de ataduras dogmáticas, los hace entrecruzarse las almas por las bocas sin decirse nada. Para qué hablar. Si una hora atrás habían muerto durante un segundo, infinito y definido, al terminar la pintada que creían intrascendente, cuando al abrirse la compuerta de goznes chirriosos aquel caño negro asomó desde la ventana tirándoles un tremendo ataúd encima.
Las calaveras de huesos tembleques e hilarantes que les habían franeleado el aliento, no eran las dibujadas por Sergio Sergi, sino por San Chumbo y a partir de esta noche, las calaveras y los ataúdes, siempre serían para él caricaturas morbosas de la risa de los árboles movidos por el viento. Muecas óseas y cínicas las carcajadas de la Parka, por más que le castañetearan falanges en corridos a San La Muerte en los exquisitos grabados de Guadalupe Posadas. Los inertes esqueletos de estudio, huesos hercúleos de músculos empuñando armas reales. No todo estaba perdido sin embargo. Las eficientes musculaturas que tipeaban esténciles, escondían pesados mimeógrafos, agitaban aerosoles para grafitear paredes, ahora eran inútiles para dominar los latigazos de ternura sensorial que los abarcaban. Manos y bocas de combatientes armados de papel y aerosoles, ahora se buscarían en los cuellos, en las caras, para dibujarse uno sobre el cuerpo del otro. Herramientas diferentes a las usadas en los panfletos o los muros, los dedos dejaían de ser torpes y ásperos arrojando petardos, empuñando armas de juguete. Las piernas, relajadas de la tensión muscular de la reciente corrida, se abandonarían unas sobra las otras explorándose en una búsqueda más trascendente que la ruta de escape planificada.
Sólo se vive una vez, agente Sanches, diría la caricatura local del James de la película, y en este filme real que acaban de protagonizar, habiendo quemado una y no sabiendo si tendrían otra, creyendo o no en Dios, él o María, alguno de los dos se haría devoto del primer santo que figurase en el almanaque de la juventud peronista, en cuyo calendario el 26 de julio señalaba en rojo a Santa Evita. Y si no católicos, mahometanos o budistas, todos los caminos conducirían a su Katmandhou sensorial, porque están emergiendo nuevos en cada caricia, limpios del barro fangoso de la muerte, respirando agitados por otras urgencias.
Una arquitectura química ha transformado el terrorífico frío reciente en cálidas, sofocantes, esperanzadoras oleadas sensoriales, a pesar de la ropa que los separa. Un corte de manga será dado, por hoy al menos, a la muerte asomada en el postigón metálico, a la desidia paralizante que buscó truequearles pintadas por cadáveres, y trasmutar el terror sensorial, en amor sensual; eternidad en el fuego de un beso, antes que efímera llama en la boca de un arma; profundidad en los labios , más que en el contenido de un panfleto; sus manos y caricias, más que en armas y disparos.
Pero aún faltaría mucho para valorar en plenitud ese instante. Aún la Patria nos seguiría reclamando muchas más veces, ofrecer la vida, la única propiedad de la que no éramos propietarios, por la libertad del pueblo, aunque después vinieran las pesadillas interrogando el pueblo donde está, el pueblo
María me aparta un poco para sacarse el pulóver que la está sofocando. Estallan chisporroteos como leña de retortuño, cuando yo hago lo mismo con mi cárdigan.
-Ey, qué fue eso.
- Estática, electricidad estática. La lana de tu pulóver debe tener mucho acrílico y al pasar por el pelo, las cargas se repelen estallando. Son diminutos arcos voltaicos… - afirma Juan Carlos Volta de Rana, 4° año del colegio secundario - y ahora, con lo que estamos haciendo, se provoca más carga, este... por frotamiento.
- Ah, entonces quiere decir que si... ¡AU!... duele.
- ¿Ves? pero es sólo el principio, una vez que se descarga, ya no saltan más.
- ¿En serio ?
- Seem.
Sin dejar de besarnos, comienzo a desprenderle los botones de la blusa.A la altura de sus pechos estoy indeciso. Imágenes de la corta relación platónica con aquella chica que quería llegar virgen al matrimonio a costa de mis dolores testiculares, se mezclan con las lenguas libertarias de Zabriskie Point, las neutras masas musculares, glándulas y patologías, el estudio de los centros neuronales del placer, la Esther Villar con Masther y Johnsons. De Julia, más vale que ni me acuerde, pero sí de la primera y maravillosa vez con Mariela y el exquisito, puro y juvenil sexo fallido con María De los Mares. De mi compañera de Orga, no puedo pensar nada porque encima de su avasallante belleza, “en esto te equivocás, y me vas a hacer equivocar a mí también”, por lo tanto, todavía siento temor al desconocer cuál será su reacción.
Es necesaria una teoría nueva, una praxis sobre la marcha, intuir las sensualidades hawaianas de Michener, a las que también la flaca parece querer despertar suave y continentemente. Sin embargo, me parece que todavía estamos demasiado atentos uno a la reacción del otro, quizás temiendo un “paremos aquí, que esto no está bien, acordate que la organización dice...”
- A la mierda con eso.
- Queem - se sobresalta María.
- Nada, estaba puteando a las normas de la organización.
- Ah, bueno.
A medida que nos sentimos más lejos de los fierros de hace un momento, y del aparato con sus reglas, y consignas memorizadas a fuego por seguridad, nos crece el deseo simultáneo, espontáneo y primitivo, de hacernos el amor. Nos volvemos a besar, ahora larga y muy apasionadamente. Nuestros labios ya no reciben chispas, sino que describen a Neruda.
Mientras ella me acaricia con suavidad, yo tomo sus pechos, pequeños, redondos, firmes, de pezones duros, para hacerles un masaje cardíaco, que Liotta envidiaría, y Barnard recomendaría para sus trasplantados. Desabrocha mi pantalón, me baja el cierre, mi pantalón se cae. Trato de hacer lo mismo con su vaquero, pero, detenido apenas más debajo de la cintura, (que no se me escape ninguna estupidez con las manzanas) va cediendo a tirones, a medida que las curvas lo van permitiendo, arrastrando con el tironeo su ropa interior.
La media desnudez en que nos encontramos, nos hace aparecer absurdamente ridículos. Ella, con su corpiño encima de los pechos; los pezones erectos bajo el alero del sostén y la panty a medio bajar junto con su vaquero. Yo, con mis pantalones arrugados en los pies, medias tres cuartos a media pierna, y un pene enhiesto y oscilante, asomando por la bragueta del calzoncillo, conforman una anti-erótica desnudez que nos avergüenza, y nos hace enrojecer más que la bandera del MRP-2
El cuerpo joven de un humano totalmente desnudo es bello, simplemente hermoso. No hay más que verlo en la quietud diurna de las estatuas griegas de las plazas y museos. Y tambien a los vivientes, aunque algunos no tengamos el número de oro en las proporciones, o estemos en el círculo sagrado de Da Vinci. Vestidos, somos convencionalmente atractivos, según lo sugieran las modas. A medio desvestir, como ahora el de María y el mío, resultan aún en la intimidad contextual, más bien, ridículos.
Reacciono apenas a tiempo para bien de la estética, la pasión y el amor que pienso se ha de venir diciendo voy a cerrar con llave, no quiero que la abuela se despierte y crea que somos chorros.
Me guardo la cosa dentro del calzoncillo, (se niega la cosa y me duele) arrastro los pantalones, cierro la puerta, abro la puerta, doy vuelta el cartel con el Padrino que dice cuidado con Paturuzú por las dudas de no sé qué, cierro la puerta, pongo la llave con doble vuelta, apago la luz, me saco los pantalones y me meto en la cama, donde ya me espera la flaca totalmente desnuda (¿en qué momento se desvistió entera?).
El farol de la media cuadra se cuela por un resquicio de la cortina, dándonos una media luz tanguera. Después de un momento de duda, tapados hasta las cejas, separados, rígidos, me termino de desvestir, y luego, ya ambos totalmente desnudos, nos abrazamos para tiritar juntos con las pieles de gallina, (¿no era que se salva la vida de un congelado cuando uno se desnuda y se acuesta al lado? ¿Ah no? ¿ No necesariamente? Aunque… a ver… a ver)
( Yo hubiera necesitado algún instructivo extra, releer algún texto orientador, pedir un break antes que el cuerpo de la flaca se duplicara en el mío, porque sus piernas se enredaron en las mías impidiéndome hacer otro movimiento que no fuese el que la naturaleza, desbordada de teorías me marcaba. Antes de darme cabal cuenta de lo que sucede, un largo suspiro entrecortado, despierta del ensueño a mi flaqui.)
- ¿Terminaste? ¿Ya terminaste?.
- Sí, sí, lo siento, pucha mayo, lamento, es que no pude...
- No, no, está bien. Todo está bien, pero no te salgás, quedate dentro mío, por favor.
Con una dulzura más propia de su femineidad que de su experiencia, ella me busca secretos, paciente en su urgencia, tratando de volver a despertarme cada parte del cuerpo con caricias suaves, besándome los párpados, las manos, cada uno de los dedos. Encadenándome a sus piernas para no desacoplarse, se coloca por encima mío, duplicando con el mío su cuerpo liviano y delicado. Así se queda un instante, mirándome profundo, inmóvil, con su espalda arqueada hacia arriba, apoyadas sus manos en los hombros, el pelo desordenado cayendo sobre su cara, ocultado su rostro por la penumbra.
Al llevarse con una de sus manos el pelo hacia atrás, sus ojos me miran con tan profunda intensidad, que, si solamente fuese esta vez, si nunca más tuviera la oportunidad de estar dentro del cuerpo de una mujer, habría bastado esta sola mirada de María para conocer la exquisitez de la femineidad sensual
Larga curva de femineidad / se insinúa con la clara luz de la mañana / Con el sol que nos deslumbra, estirás los brazos / para balancear el etéreo peso de tu cuerpo / / Acariciando esa eternidad sensual / apenas limitada por la sutiles líneas de tus formas / despertás hacia el deseo / Anudando tu espalda de barco a mi cintura de puerto / enlazo mis piernas, a la pasión marinera de tu barco // Boca de uvas maduras / digo apenas en mi habla empobrecida / por el vino de tu lengua / Aún así, pretendo ser poeta / embriagado por las rosas de tus formas / sintiendo tañer la música de tus piernas / / Antes náufragos, ahora navegantes en bajeles de seda y fantasía /ebrios de mar y sedientos de distancias /al fin hemos vuelto para encontrarnos
-¿Cuando escribiste eso?
- Antesdeanoche. Me había quedado mal por seguir recordando a Mariela mientras estoy con vos. Vos estabas muy dormida y yo no podía dormirme. Me senté en la cama y te miraba. Te miraba. No podía dejar de mirar la exquisitez de tu cuerpo, pero sobre todo, el mucho tiempo que ha pasado sin haber agradecido a la mujer infinita que sos. Pensaba también que he sido muy injusto con tu ternura, y tu paciencia, cada vez que me asomaba y asoma la locura. Sí, si. Yo lo sé. No te olvidés que soy médico, y que no sea un doctor de la mente, no me impide ser consciente de mi estado psíquico. También de mi estado afectivo. Entonces, mientras te acariciaba la espalda, me surgió de repente el volver a escribir un poema, cuando recordé aquella primera y única vez que hicimos el amor.
Aparece en sus ojos una leve sonrisa giocondina. Baja entonces para besarme el labio que ya no siento para nada hinchado. Cubre mi boca con la suya, su lengua me dibuja un mundo dentro de la mía. Sus manos me acarician aquí y allá, o me pellizcan, me contornean una y otra vez. Su boca son dedos, sus dedos son lenguas, su cuerpo un calor de verano en enero que acuna mi sexo dormido en movimientos tibios y cadenciosos.
Con todo el tiempo del mundo contenido entre sus dedos y su lengua, su búsqueda será una progresiva estimulación sensorial en la conquista del deseo, hasta que las frazadas molesten, las sábanas estén de más, y vuelva a sentir la primitiva sensualidad de la desnudez.
Puedo entonces devolver cada una de sus caricias y pellizcos y ser paciente, tal como me acaban de enseñar, recorriendo con mis manos la lenta longitud de sus brazos y sus piernas. Con mi lengua marcar la dimensión de su cuello. Recorrer con mis manos sus hombros toroidales, madurar con su calor sus pechos de manzanas del Tunuyán.
Se detiene mi boca sedienta a beber de sus pezones maternales. Salgo del desierto en busca de los oasis que rodean su ombligo. Me río infantil con sus cosquillas, recubro de ternuras las curvas de su cintura y su cadera, llego con timidez de explorador hasta los rebeldes pelillos de su sexo. Nuevamente conectados con tal exacta intensidad, somos uno sólo, ya expectantes, ahora rugientes, más tarde silenciosos o jadeantes.
En total armonías de cielo azul y lluvia fértil, tierra y árbol, sol y luna, agua y verde, se curvan dialécticamente las geografías de nuestros cuerpos convirtiéndose en arco y en arquera, continente y contenida, barca y navegante, mar y acantilado...
Cuanto más haga el amor, más haré la revolución, cuanto más haga la revolución más me gustará hacer el amor. Amantes del mundo unidos, obreros y estudiantes se abrazan en parís 1.968, y en este barrio de calles de tierra de la 4ª oeste 1.976. Hoy somos más sabios que Ho Chi Min, más revolucionarios que Mao Tse Tung, menos anárquicos que Trotzky, más claros que Perón, tan contundentes como John William Cooke, más lógicos que Marcuse, y tan dialécticos como Marx, pero si Evita viviera sería montonera, y luche luche luche, no deje de luchar, por un amor libre, liberado y popular.
¡Abajo la guerra ! ¡ ABAJO ! ¡ Arriba el amor ! ¡ ARRIBA ! ¡ María, PRESENTE ! ¡ Juan, PRESENTE! Hasta la victoria SIEMPRE CARAJO. Hasta la victoria BUENO QUÉ TANTO. Vamos a cambiar la dictadura del proletariado por el socialismo del amor, María te quiero, Flaco te quiero. Estalla la revolución en nuestro cuarto y en todo el mundo. Fuera los yanquis de Viet Nam, ¡fuera!. En París ’68, vive L’Revolución.¡vive! ¿En Puerta de Hierro?, no. ¿En Santa Clara?, sí. No fue posible en Bolivia, pero sí en la Sierra Maestra, también lo será en la casa de mi abuela. Creamos un nuevo idioma, revolucionando esta árida provincia del cullum desértico, inundando de ríos vitales al Valle de Huentota; Desterremos el mapuche que tiene pocas esdrújulas, reinventemos el Milcallac, que tiene pocas palabras. Vivan los pueblos originarios, el Inti y la Pachamama. Seamos huarpes laguneros como Huaquinchay, y no tehuelches terratenientes como Patoruzú. Prolonguemos a Huaymallén en un oasis irrigado que estire los verdes estivales hasta las lejanas Lagunas de Huanacache. Que en cada movimiento de nuestros cuerpos, los desiertos se humidifiquen y crezcan las uvas tintas, moscateles y blancas en los vinos nuevos. En cada golpe de reja, nuestros cuerpos entreguen una renovada oración a la Virgen de la Carrodilla, patrona de los viñedos, y del niño nuevo que algún día gestaremos, a medida que nuestros sexos se canten, agiten, y gozen tan plenamente como ahora. Vive el momento de hoy, ¡como si fueras a morir mañana! ¿Y el de mañana? ¡Como si fueras a morir nunca!
La apasionada y mutua entrega comienza a darle vida a los afiches que alguna vez tuvimos en los muros de las casas o el partido. El Che Guevara, con su boina negra y estrella roja, nos sonríe de oreja a oreja; enciende el habano, nos mira profundamente desde sus ojos esperanzados, levanta el puño izquierdo cerrado en alto y sin decirnos algo se vuelve feliz a Santa Clara. Atrás de él aparece un prolijo y engominado Perón, con reluciente uniforme de teniente general, haciendo encabritar su caballo pinto. Se saca la gorra de oficial, nos guiña el ojo y nos dice gardeliano, muchachos eso es lo que yo estaría haciendo, si tuviera veinte años menos. Pero tengan cuidado, compañeros. No quieran ser más peronistas que Perón. A su lado una Evita pálida y ojerosa se desprende de los brazos del general, atenaza los suyos a los balcones de la Rosada. Desde allí , levantando ambas manos, pide silencio hacia la plaza, cuyas muchedumbre la aplaude y ensordece con vítores y lágrimas. Ella nos está buscando en la multitud y cuando nos encuentra, desaparecen sus ojeras, sus pómulos se rellenan de calor, su energía de siempre la envuelve en un vaho de soles. La multitud rumorea, se calla, se desdibuja hacia un horizonte de banderas agitadas que pregonan las tres verdades de la patria. Su voz, habitualmente disfónica, resuena claramente haciendo innecesarios los micrófonos.
-Compañeros… silencio por favor. Les quiero declarar a estos jóvenes compañeros, Juan y María, que hoy han dejado de ser estúpidos e imberbes. Ustedes me han vuelto a la vida, muchachos, ustedes hoy, han derrotado a la muerte. No la desperdicien. Por eso llevaré en mis oídos vuestras palabras, vuestra militancia, y vuestro amor, que es la más maravillosa música del pueblo. ¡El amor todo lo puede compañeros, no se dejen engañar! Ámense, che. Quiéranse. Amen al pueblo, no lo traicionen. Sean más peronistas que Perón, carajo. Hasta la victoria, siempre en la lucha con ustedes, compañeros!
Cuerpo mendocino de mujer / dorado por el sol del casi otoño. / Pleno y real / asimismo metafórico y geográfico / me atrevo a compararte. / Voluptuosa forma de Altos Limpios la cadera / frescura Huanacache de humedales en la lengua / cintura de Tunuyán, espalda del Atuel. / Lenta y montañosa orografía descubierta, / Ojos del Salado son tus pechos. / Un Tupungato en erupción, el bajo de tu vientre. / En la abrupta soledad de la entrepierna / selva púbica y desierta / entraré a fecundar por las hijuelas / la cálida aridez de tu viñedo. / Parrales y espaldares serán recorridos por mis manos / y grano a grano, cosechados los racimos / Nuestros cuerpos ondularán / presagiando la vendimia. / Verbo o sustantivo, será en tu boca compañera / donde el vino nuevo me emborrache de coraje las palabra.
viernes, 7 de agosto de 2009
Vidriera en reparación-sepa disculpar las molestias
Ya no se si podré encontrarte.
Hace tanto tiempo que te busco, que he perdido la memoria de la primavera en el otoño.
Estabas allí, aquella tarde de vino o de ginebra. No había tango y la puerta cerrada del hospital me impidió la entrada bajo la gendarme y obstinada cancerbera del pasillo.
- "Este no es horario de visitas"
Horario de visitas. Horario de visitas y un la puta que te parió se me escapó entre los párpados.
Tejí pacientemente un guante.
Miré un reloj cualquiera.
Putos relojes. Quién los habrá inventado.
Tu piel era suave... pensé, e inmediatamente después, qué mujer amada no tiene la piel suave a los veintitantos años. Y tantos, y uno y ocho y casi nueve.
Las veintinueve son las putas.... recordó ese lejano truco en la casa del Flaco Raguzza.
El Flaco Raguzza. El que iba a ir a gorrear viejos a domicilio, cuando la Pety, su mujer, se había trasladado de Barda La Blanca a San Rafael.
Si son veintinueve, son las putas, insistió el Flaco detrás de su decimonovena ginebra, mientras lloraba sin dignidad alguna la ausencia de su compañera, aunque él la llamaba en público y en privado, "la Flaca".
A mí me gustan las putas. Algunas putas, aclaré como si importara, detrás de mi octava ginebra que debería ser la última . En tren de nostalgias y de tangos, ese es mi límite.
- Las putas son las putas acá y en la concha de la lora, insitió el Flaco cada vez mas cabrero y cada vez más en pedo.
Y yo por contrariarlo nomás, insistí, a caballo de mi propia borrachera, mirá que hay algunas, en la Federico Moreno e Ituzaingo, que mamma mía. Finoli finoli, aunque hagan la calle, como la Solange que lo invitaba con Amaretto di Saronno
-Andate a la puta vos, tus putas y tus putas bebidas de puto. Y truco!! qué, mierrrrdahhh, dijo el Flaco con los ojos colorados, golpeando las cartas y el vasito ridículo de ginebra que estiraba la borrachera y la calentura.
-No ginebra, no, había dicho la flaca. Creo que me queda un poco de Amaretto.
El guante ya tenía tres de sus dedos vacíos.
Quiero retruco y qué!!!! Me envalentoné sin siquiera recordar si tenía el siete de espadas sólo o acompañado de un tres por lo menos.
- Si quiere, espere que pase el Dr. Fuensalida. Es el Jefe de Guardia esta noche, dijo la cosa esa que custodiaba la entrada del pasillo a terapia intensiva.
Fuensalida u malaentrada, mala junta para un truco, no es cierto?.
La tipa ni se inmutó. Es el reglamento, señor.Ud debiera saberlo bien, no es cierto?, y se metió la mano en el bolsillo del guardapolvos.
Esta vieja de mierda fuma Camel, como la flaca.
Camel, y vos?
- Yo? Particulares 33. O gitanne, cuando se puede, pero los vende el Mario, el de la Cuarta Este, y a esta hora y con los milicos...
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Datos personales
- eltramonta
- Maestro por equivocación, jubilado de la docencia pero no de los aprendizajes, escribidor de textos y poesías, escapador cuando puedo de las alienaciones del System, prisionero de los afectos, esclavo de la honestidad, temeroso usuario de la palabra, contestatario cuando puedo y a veces quiero, especialmente vinófilo de los Rojos de Perdriel, salvo cuando "el agua brota pura y cristalina de la madre tierra", vividor consuetudinario y con suertes extraordinarias. Creo que todavía estoy vivo.En la primavera del 2.010 se me murió la poesía junto con unos cuantos pedacitos de corazón. Pero he vuelto, "cantando al sol como las cigarras", a sobrevivirme.
Así como soy

