miércoles, 23 de julio de 2008

ENSAYO

Senderos de geografía matemática

Desde tus pies el camino del deseo empezará decimal por cada uno de tus dedos. Será aritméticamente certero, como tus piernas esas finas sinusoides,singularmente perfectas.

Los tobillos que apenas abultan, naturalmente óseos, orográficos, son la delicada insinuación que con sus mínimas redondeces constituyen piedemonte sensorial precedente de los muslos, esos ríos epidérmicos que corren impetuosidades de llanuras extendiéndose voluptuosas y determinadas.

Por la estepa espaldar se puede llegar a la curvatura geoidal de la cadera. Desde allí, girando a ciento ochenta grados los segmentos precisos de mis dedos provocan hipérboles sobresaltadas en el leve vello erizado y triangular.

Este cuerpo propio del mediterráneo, como tal griego, itálico, sensual, exquisitamente femenino, sin embargo se debe recorrer geográfica y minuciosamente uspallatero como pueblo original.

Buscar las voces antiguas de su canto explorando sensorialmente las redondeces volcánicas, sobrellevar sus alturas sin cuerdas ni hipotenusas, encontrar las articuladas muñecas, descubrir el justo ángulo de los codos.

Así veremos que el breve hombro es toroidal. El cuello, suficientemente preciso

imprescindiblemente necesario, debo aclarar para mis besos urgentes de pretendido poeta.

Ascendiendo fogosidades indetenibles se encuentra la embalconada y firme

mandíbula mediterránea, singular, romana o pitagórica, donde descubrir lo congruente que resultan mi boca con su boca, arcos, cuerda y flecha mis labios horizontales y perpendiculares a su lengua.

¡Ah, su lengua ! Decididamente geográfica y de fuego, ardiente Llankanelo para nada racional ni matemática humedece inquieta, los contextos de las ciencias.

Desde aquella hay que dejarse caer por los aires del asombro descubrir la lluvia aleatoria de cabellos la tierna geometría del oído sus laberintos presurosos de deseo.

Detenerse, sólo un instante, frágil de tiempo como todo instante, para dejar un beso, suave y silencioso, un último y leve mordisco lobular.

Extasiado davinciano del cuerpo semidesnudo plenisensual, resultará conveniente

que luego de teorizar y experimentar para construir estos postulados y sus efímeras hipótesis se deje que aquel, empiece a descansar.

Alejar de sus oídos y miradas,por algunos momentos, los desvaríos verbales e intrascendentes con que pretendo sabiduría epigramática y darle tranquilidades racionales a sus párpados y los sueños, las manos y el deseo.

Terminando el recorrido precedentemente descripto estárá permitido con sumo cuidado de no despertar atardeceres, encender un cigarrillo, negro, buen tabaco, e lógicamente fumando dudar de todas las certezas.

Así predispuesto, pensar, tal vez estoy aquí jugando con las palabras y las matemáticas porque a su lado ya no tienen para mí, sonrisas melancólicas las mañanas.

Creeré que habrá un mañana y que al verano le seguirá el otoño,

con toda naturalidad.

jueves, 3 de julio de 2008

ANDREA








"Te escribo para compartir un algo de mis escritos". Así pensó que iba a empezar. Diciéndole, ya pasé la época en que cada cosa que escribía la consideraba genial, para luego desecharlo absolutamente porque lo escrito realmente es una porquería. Y envidia a quienes describen como Cortázar, y hacen poesías como Neruda. Andrea es arquitecta, lee a Cortazar y a Neruda, por ello debe ser que su ojo sensible descubre talentos literarios en sus alumnos de una comunidad periurbana, comunidad a la que el Sistema urbano-marginal.
Marginal. Los marginados generalmente llenados de violencias hacia dentro de ellos, contra ellos, desde ellos hacia todos, hacia muchos. Los que son víctimas, los que son victimarios. En esa comunidad periurbana realiza su primer trabajo como profesora de Matemáticas. Formada en un centro de excelencia académica y urbana, la profesora, que apenas sobresale en tamaño a sus propios alumnos del 9º año, descubrió a una alumna que será escritora algún día, y de quien otra profesora, justamente la especializada en literatura no se había dado cuenta que existía el talento.

El pasajero, acompañante ocasional de la arquitecta, cambia de idea. Ya no se siente seguro de mostrarle algo de lo que escribe, o de lo que está reescribiendo en este momento, una novela. Novela que ya lleva cinco largos años de marchas y contramarchas, y piensa, querría enviarle a la arquitecta algo de lo que escribo, sí, pero que sea bueno y le agrade. Eso es una evidente falta de seguridad en sí mismo, o una seguridad en que lo escrito no es bueno.
Eso, sin considerar que por Ley de Murphi, el propio correo electónico que adjuntará el escrito, nunca llegue a sus manos. Es decir, a sus ojos, porque las cartas escritas para ser recibidas por las manos son patrimonio del S.XX.
Ya nadie escribe cartas en soporte papel, y menos sobre ese papel escribe con sus propias manos y lápiz, siquiera un portaminas phi o,5, o tinta, siquiera una Bic amarilla trazo fino...

De una u otra manera le asalta el temor potencial a que no recibiera la carta, o el e-mail o el correo electrónico... Todo en potencial. Pero si en realidad venimos de un encuentro no casual a bordo del 310, ¿entonces?, ¿porqué la duda y el temor?
Y además, ¿cuánto hace que no lee nada de Cortázar o de Neruda.
La ruta por la que transcurre el encuentro donde se menciona a Cortázar y a Neruda sigue imperturbable. Siguen subiendo adolescentes preocupados por la prueba del día, conectados a sus celulares, mp3's, o 4's.


Andrea le gusta Cortázar, a mí me gusta Cortázar, y este absurdo temor al desencuentro...
Cuánto hace que no me encuentro con nadie que guste de leer a Cortázar, maldito Cortázar que escribe tan bien, maldito Julio que acabo de ver en un documental, ayer mismo, donde el periodista entrevista a Julio, y Julio con ese casteianó afrangcesado hace sus comentarios profundos para la ORTF en español. El periodista es inteligente, habla él poco y mucho Cortázar. Julio habla y habla con esa simple profundidad del que sabe escribir bien. Muy bien.Y Mucho.

La simple profundidad de algún escrito resuena en su cabeza mientras mira la sonrisa de Andrea, la chispa de sus ojos iluminando la penumbra del micro que por una rara casualidad hoy tiene calefacción pero entibia el ambiente menos que la conversación misma, conversación que respira ternuras de profesores apasionados por su trabajo, una, allá por el Bajo Luján, otro por allá el "desierto" de Lavalle, y ambos escritores que aunque dudan de la calidad literaria de sus escritos, gustan de escribir y más gustan de leer y encuentran poesía en la boca de las palabras, en las palabras que transcurren a lo largo de la ruta mientras una va hacia sus alumnos de matemática y otro camina al encuentro de los maestros a ver si los alumnos de lengua en el taller de doble escolaridad estarán escribiendo algo...
¿ Qué fue de ese alumno que el año pasado le dijo... el que se animó a decir ¿Director, cómo se hace para escribir poesías?
El director extraña su trabajo de maestro, cuando le leía a sus alumnos textos de Oliverio Girondo, y hoy no debe recurrir a resoluciones, el normativo, cúmplase rutinario, para que alguno de los maestros se sienta obligado a descubrir poesía en las palabras y gestos delos alumnos.


Andrea sigue hablando, y el rebozo blanco con que se cubre la boca y que tapa por el frío y que destapa para que sus palabras suenen con mayor claridad, relata de ese alumno descubierto en su hora de matemática que tiene talento, que gusta de escribir y que la profe de literatura no había descubierto.
Andrea es sensible.
Sensible, el Angel Gris, Dolina, la revista Humor. Qué bien que escribe Dolina.
- Pero vos escribís entonces?, se anima a preguntar.
El rebozo sube otra vez, otra vez baja, la chispa de los ojos de Andrea iluminan de nuevo, y ya se siente menos el frío y más el calor humano de la profesora de ciencias exactas que es arquitecta pero que descubre talentos, que es arquitecta pero escribe y respira con ternuras.
Qué pocos hoy, en esta apresurada aldea global se detienen a mostrar ternura por alguien, piensa el director, admirando sencillamente a la arquitecta que habla de sus primeros trabajos como docente de Matemáticas, y respira felicidad cada vez que sube al pésimo micro que los trasporta a sus respectivas escuelas.
- Aunque no, mal... qué se yo.
- Cómo?
- Escribo mal, creo.
No. No ha dicho qué se yo, pero escribe, y es de Aries. El director piensa, raro, pensé que debía ser Leo. ¿Porqué?, preguntará. No sé, se me ocurrió.
Pero sí sabe. Sabe del fuego de Leo, pero ya se ha olvidado de la ternura de aquella nacida bajo el signo de Escorpio. ¿Cómo fue aquello posible, hace tánto tiempo? ¿Aquella ternura de Escorpio? Tengo que escribirle a Escorpio, pero Escorpio quiere seguir en reclusión y silencio todavía.Reclusión y silencio después de haber sido amantes, después que volviera de Chile con ese impensado, no, ahora quiero que seamos amigos, porque allá, es que estoy enamorada de.... No, de vos no. Nunca.
¿Cómo se puede ser amigos después de haber recorrido la redondez perfecta de luna en su cadera y llevarla en el bolsillo para soñar ternuras? Para navidad me escribió una carta. Escorpio escribe. Escribe muy bien. Esas crónicas de una estudiante en el Medio del Mundo, cuando estuvo en Ecuador..." sos el hombre de mi vida" le escribió. Y para año nuevo, quiero que seamos amigos, porque allá, al Alejandro no lo podía lastimar. ¿¡Y a mí!? Es distinto. Distinto es escorpio. Escorpio es Cabra en el horóscopo chino. Por eso, eso fue una cabronada , piensa con bronca y confusión, que pasaron

- Apenas tres meses, y diecinueve días...
- ¿Cómo?
- Que tardé en olvidarla, diecinueve días y quinientas noches, Sabina, y quinientas noches...
Es decir, entonces, que aún no la ha olvidado, preguntará la arquitecta


El 310 sigue llenándose de adolescentes parlanchines, de otros colegas de primaria, de secundaria, del profesorado de la Villa Tulumaya. También sigue la conversación alrededor de escritos y poesías, estudiantes y seres humanos, cuando comienzan a descender los estudiantes que taponan apiñados la puerta.


Alcanzan a intercambiarse e-mails, o correos electrónicos, el phone number de los celulares, éste es el mío, te escribo, si, dale.
Dijo dale o él se lo imaginó? Y si lo escribió mal y nunca se vuelven a encontrar, como en la Autopista del Sur? Cuánto que falta para acercar palabras a la computadora, ponerles dirección y apretar send, cree recordar que en el primer sms le puso algo relacionado con carpe diem, sí, fue carpe diem, La Sociedad de los Poetas Muertos... Qué buena película, esa, el profesor que descubre literatura y poesías, enseña poesía y literatura, y vive...
Extraña su trabajo de maestro, cuando le leía a sus alumnos textos de Oliverio Girondo, y hoy no hace sino perseguir normas y resoluciones...

Ya sabe lo que le escribirá a Andrea cuando le escriba esta tarde, apenas llegado de la escuela. ¿Sabe? No, no sabe, cree saber que le gustará alguna de sus poesías, pero, le gustará realmente Cintura del Fuego en Huanacache?. No , no sabe, cómo saberlo si no sabe nada de ella, salvo que bajo la arquitecta respira un ser humano sensible, bajo el rebozo una sonrisa matutina que debe durarle el día entero, y sobre los ojos, estrellas de alegría por la vida.
El Carpe Diem, estuvo de más, esta mujer sabe vivir intensamente cada día.

Y sabe que escribe, sabe que sus ojos echan chispas de alegría, y sabe que sus ojos iluminan el camino de asfalto pero ya llegaron a la escuela técnica, y la profesora deberá descender Qué le escribo? Qué le escribo? Carpe diem, si, Cintura de Fuego en Huanacache, no, pero Neruda sin duda, no Neruda no, pero Cortazar sí. Cortázar.
La autopista del Sur
Adjunto el archivo y pruebo
Le gustará la Autopista del Sur?


No , no le gustó. Una semana después de enviarle A bordo del 310, recibió la contestación al sms del " te molestó lo que te envié por mail?" "Si, por favor- dice ella en su mensaje de celular - Preferiría que no me mandara ningún otro mensaje, ni correo, ni nada"

La Autopista del Sur...
Al menos, volví a leer la Autopista del Sur. El escrito de Cortázar sigue brillando, mientras la penumbra a bordo del 310, ha vuelto a ser penumbra.



















miércoles, 11 de junio de 2008

Aquella primera vez, cuando éramos pendejos y queríamos cambiar el mundo, qué lo parió












El farol de la media cuadra se cuela por un resquicio de la cortina, dándonos una media luz tanguera. Después de un momento de duda, tapados hasta las cejas, separados, rígidos, me termino de desvestir, y luego, ya ambos totalmente desnudos, nos abrazamos para tiritar juntos con las pieles de gallina, (¿no era que se salva la vida de un congelado cuando uno se desnuda y se acuesta al lado? ¿Ah no? ¿ No necesariamente? No, porque el temblequeo es intenso)

(Yo hubiera necesitado algún instructivo extra, releer algún texto orientador, pedir un break antes que el cuerpo de la flaca se duplicara en el mío, porque sus piernas se enredaron en las mías impidiéndome hacer otro movimiento que no fuese el que la naturaleza, desbordada de teorías me marcaba. Antes de darme cabal cuenta de lo que estaba sucediendo, un largo suspiro entrecortado de mi parte despierta del ensueño a la flaqui.)

- ¿Terminaste? ¿Ya terminaste?.

- Sí, sí, lo siento, pucha mayo, lamento, es que no pude...

- No, no, está bien. Todo está bien, pero no te salgás, quedate dentro mío, por favor.

Con una dulzura más propia de su femineidad que de su experiencia, ella le busca secretos, paciente en su urgencia, tratando de volver a despertarle con suaves caricias cada parte del cuerpo. Le besa los párpados, las manos, cada uno de los dedos. Encadenada a sus piernas para no desacoplarse, se coloca por encima, duplicando con el de él su cuerpo liviano y delicado. Su espalda arqueada hacia arriba, apoyada las manos en sus hombros. Apenas desordenado el pelo le cae sobre su cara. Se lo lleva con una de sus manos hacia atrás.

Oculto el rostro en la penumbra, sus ojos lo miran con tan profunda intensidad, que, si solamente fuese esta vez, si nunca más tuviera la oportunidad de estar dentro del cuerpo de una mujer, habría bastado esta sola mirada de María para saber cómo es de inmensa la entrega, y exquisita la feminidad sensual con que lo están abrigando

Larga curva de feminidad, se insinúa con la clara luz de la mañana. Con el sol que poco a poco nos deslumbra, estirás los brazos para balancear el etéreo peso de tu cuerpo. Acariciando esa eternidad sensual, apenas limitada por la sutiles líneas de tus formas, despertás hacia el deseo. Anudando tu espalda de barco a mi cintura de puerto, enlazo mis piernas a la pasión marinera de tu barco.

- Boca de uvas maduras - digo apenas, en mi habla empobrecida por el vino de tu lengua. Aún así, pretendo ser poeta, embriagado por las rosas de tus formas, sintiendo tañer la música de tus piernas. Antes náufragos, ahora navegantes en bajeles de seda y fantasía, ebrios de mar y sedientos de distancias, al fin hemos vuelto para encontrarnos

- ¿Cuando escribiste eso?

- Antesdeanoche. Me había quedado mal por seguir recordando a Mariela mientras estoy con vos. Vos estabas muy dormida y yo no podía dormirme. Me senté en la cama y te miraba.

Te miraba.

No podía dejar de mirarte. Pensé… mucho tiempo ha pasado sin haber agradecido a la mujer infinita que sos. Y también que he sido muy injusto con tu ternura, y tu paciencia, cada vez que me asomaba y asoma la locura. Sí, si. Yo lo sé. No te olvidés que soy médico, y que no sea un doctor de la mente, no me impide ser consciente de mi estado psíquico. También de mi estado afectivo. Entonces, mientras te acariciaba la espalda, me surgió de repente el volver a escribir un poema, cuando recordé aquella primera y única vez que hicimos el amor.

Aparece en sus ojos una leve sonrisa giocondina. Baja entonces para besarme el labio que ya no siento para nada hinchado. Cubre mi boca con la suya, su lengua me dibuja un mundo dentro de la mía. Sus manos me acarician aquí y allá, o me pellizcan, me contornean una y otra vez. Su boca son dedos, sus dedos son lenguas, su cuerpo un calor de verano en enero que acuna mi sexo dormido en movimientos tibios y cadenciosos.

Con todo el tiempo del mundo contenido entre sus dedos y su lengua, su búsqueda será una progresiva estimulación sensorial en la conquista del deseo, hasta que las frazadas molesten, las sábanas estén de más, y vuelva a sentir la primitiva sensualidad de la desnudez.

Puedo entonces devolver cada una de sus caricias y pellizcos y ser paciente, tal como me acaban de enseñar, recorriendo con mis manos la lenta longitud de sus brazos y sus piernas. Con mi lengua marcar la dimensión de su cuello. Recorrer con mis manos sus hombros toroidales, madurar con su calor sus pechos de manzanas del Tunuyán.

Se detiene mi boca sedienta a beber de sus pezones maternales. Salgo del desierto en busca de los oasis que rodean su ombligo. Me río infantil con sus cosquillas, recubro de ternuras las curvas de su cintura y su cadera, llego con timidez de explorador hasta los rebeldes pelillos de su sexo. Nuevamente conectados con tal exacta intensidad, somos uno sólo, ya expectantes, ahora rugientes, más tarde silenciosos o jadeantes.

En total armonías de cielo azul y lluvia fértil, tierra y árbol, sol y luna, agua y verde, se curvan dialécticamente las geografías de nuestros cuerpos convirtiéndose en arco y en arquera, continente y contenida, barca y navegante, mar y acantilado...

Cuanto más haga el amor, más haré la revolución, cuanto más haga la revolución más me gustará hacer el amor. Amantes del mundo unidos, obreros y estudiantes se abrazan recordando a París 1.968. Hoy en la 5ª sección 1.976, somos más sabios que Ho Chi Min, más revolucionarios que Mao Tse Tung, menos anárquicos que Trotzky, más claros que Perón, tan contundentes como John William Cooke, más lógicos que Marcuse, y tan dialécticos como Marx, pero si Evita viviera sería montonera, y luche luche luche, no deje de luchar, por un amor libre, liberado y popular.

¡Abajo la guerra, ABAJO! ¡Arriba el amor, ARRIBA! ¡María: PRESENTE! ¡Juan: PRESENTE! Hasta la victoria: ¡SIEMPRE CARAJO!.

- Hasta la victoria…estee, ¡BUENO, QUÉ TANTO!. Vamos a cambiar la dictadura del proletariado por el socialismo del amor, María te quiero, Flaco te quiero. Estalla la revolución en nuestro cuarto y en todo el mundo. Fuera los yanquis de Viet Nam, ¡fuera!. En París ’68, ¡vive L’Revolución! ¿En Puerta de Hierro? No. ¿En Santa Clara? Sí. No fue posible en Bolivia, pero sí en la Sierra Maestra, también lo será en la casa de mi abuela, pero lejos de los panfletos y cerca de los cuerpos. Crearemos un nuevo idioma, revolucionando esta árida provincia del cullum desértico, inundando de ríos vitales al Valle de Huentota. Desterraremos el mapuche que tiene pocas esdrújulas. Reinventemos el Milcallac, que tiene pocas palabras. Vivan los pueblos originarios, el Inti y la Pachamama. Seamos huarpes laguneros como Huaquinchay, y no tehuelches terratenientes como Patoruzú. Prolonguemos a Huaymallén en un oasis irrigado que estire los verdes estivales hasta las lejanas Lagunas de Huanacache. Que en cada movimiento de nuestros cuerpos, los desiertos se humidifiquen y crezcan las uvas tintas, moscateles y blancas en los vinos nuevos. En cada golpe de reja, nuestros cuerpos entreguen una renovada oración a la Virgen de la Carrodilla, patrona de los viñedos, y del niño nuevo que algún día gestaremos, a medida que nuestros sexos se canten, agiten, y gozen tan plenamente como ahora. Vive el momento de hoy ¡como si fueras a morir mañana! ¿Y el de mañana? ¡Como si fueras a morir nunca!

La apasionada y mutua entrega comienza a darle vida a los afiches que alguna vez tuvimos en los muros de las casas o el partido. El Che Guevara, con su boina negra y estrella roja, nos sonríe de oreja a oreja. Enciende el habano, nos mira profundamente desde sus ojos esperanzados, levanta el puño izquierdo cerrado en alto y sin decirnos algo se vuelve feliz a Santa Clara. Atrás de él aparece un prolijo y engominado Perón, con reluciente uniforme de teniente general, haciendo encabritar su caballo pinto. Se saca la gorra de oficial, nos guiña el ojo y nos dice gardeliano, muchachos eso es lo que yo estaría haciendo, si tuviera veinte años menos. Pero tengan cuidado, compañeros. No quieran ser más peronistas que Perón. A su lado, una Evita pálida y ojerosa se desprende de los brazos del general, atenaza los suyos a los balcones de la Rosada. Desde allí , levantando ambas manos, pide silencio hacia la plaza, cuya muchedumbre la aplaude y ensordece con vítores y lágrimas. Ella los está buscando en la multitud y cuando los encuentra, desaparecen sus ojeras, sus pómulos se rellenan de calor, su energía de siempre la envuelve en un vaho de soles. La multitud rumorea, se calla, se desdibuja hacia un horizonte de banderas agitadas que pregonan las tres verdades de la patria. Su voz, habitualmente disfónica, resuena claramente haciendo innecesarios los micrófonos.

-Compañeros… silencio por favor. Les quiero declarar a estos jóvenes compañeros, Juan y María, que hoy han dejado de ser estúpidos e imberbes. Ustedes me han vuelto a la vida, muchachos, ustedes hoy, han derrotado a la muerte. No la desperdicien. Por eso llevaré en mis oídos vuestras palabras, vuestra militancia, y vuestro amor, que es la más maravillosa música del pueblo. ¡El amor todo lo puede compañeros, no se dejen engañar! Ámense, che. Quiéranse. Amen al pueblo, no lo traicionen. Sean más peronistas que Perón, carajo. Hasta la victoria, siempre en la lucha con ustedes, compañeros!

Cuerpo mendocino de mujer, dorado por el sol del casi otoño. Pleno y real, asimismo metafórico y geográfico me atrevo a compararte.

Voluptuosa forma de Altos Limpios la cadera. Frescura Huanacache de humedales en la lengua. Cintura fresca del Tunuyán. Espalda líquida del Atuel.

Lenta y montañosa orografía descubierta, Ojos del Salado son tus pechos.

Un Tupungato en erupción, el bajo de tu vientre. En la abrupta soledad de la entrepierna, selva púbica y desierta, entraré a fecundar por las hijuelas la cálida aridez de tu viñedo. Parrales y espaldares recorridos por mis manos serán, grano a grano, cosechados los racimos. Nuestros cuerpos ondularán, presagiando la vendimia.

Verbo o sustantivo, será en tu boca compañera, donde el vino nuevo me emborrache de coraje las palabra.







sábado, 24 de mayo de 2008

a kd3448, que siempre sonríe desde la luna





De lunas y en soles embriagados


Puede sucedernos la próxima semana,

en el presente de un día cualquiera,

en la hora infinita que pasó esta mañana,

en este preciso segundo del ahora mismo.

Pasajeras circunstancias,

los imprescindibles contextos que siempre urgen

apurando circunstancias, querrán impedirnos

festejar los momentos que hacen adolescentes

nuestras manos y viñedos nuestros cuerpos.

Si eso nos sucediera, deberemos recordarnos.

Saber que de antiguas uvas y senderos

hemos heredado los sabores, los mordiscos y caricias

los pétalos y las risas, las mañanas,

una tarde y los quizás, y pasar el día

sonriendo junto a las bocas, bebernos el ahora

y los después, los meses y semanas precedentes.

Los futuros de luctuoso proceder certificante.

Besarnos profundamente.

Tanto

que todo el tiempo de los tiempos esté contenido

en ese abrazo tan único que estaríamos existiendo

y por el cual, con el oído sobre el vientre de la tierra

nuestros ojos ya no mirarían

las infinitas longitudes del mar

Agradecer luego la arena del desierto

que hizo laguna con nosotros.

El te quiero profundo de un jueves de noviembre

imaginado para siempre, aunque pueda haber durado

tan sólo un día, unas pocas horas compartidas.

Pero, si a pesar de las precauciones

nos sucediera un día en que el día

estaría terminando y las sombras de la noche

nos apretaran con sus pesares

más que el amor mismo del sol que nos tenemos,

igual deberíamos brindar por un próximo encuentro,

pero más, peromucho más, por el de este día

en que estamos vivos y viviendo,

porque el del mañana, ese sí,

no sabremos si vendrá.

Imaginaremos así que somos dueños de toda realidad.

En ese instante preciso, sublime poder sobre la materia

deberemos imprescindible y urgentemente

continuarnos el amor y los deseos.

Recién entonces habremos aprendido

lo importante de vivir sin desperdiciar una sola caricia,

recuperado el lenguaje total de los gestos

y en un abrazo profundo

de lunas y en soles embriagados,

en silencio, o a los gritos,

reescribirnos cada letra de la piel,

cada sílaba de los cuerpos, eliminando sin dolor

las pasajeras circunstancias, los prescindibles contextos

domingo, 11 de mayo de 2008

Gracias por los hijos

- “A ella le gustaba tanto mirarla... y a mí decirle, justo cuando se asomaba por arriba del Cerro de la Gloria, mirá “embarazada de luz, parturienta efímera de reflejos". La flaca se ponía toda ternura cuando yo le decía cosas como esa, haciéndome el poeta. ¿Vos no te acordás, ah? Porque en la panza los bebés escuchan todo…” Era 1.974, entonces tenía veinte años y el



GRACIAS
GRACIAS POR LOS HIJOS

Música de AlturasTexto y poesías de Osvaldo Tramontina Teatro Quintanilla Jueves 15 de mayo de 2.008 21 hs


Un agradecimiento a las que dieron vida para que ellos tuvieran vida, y a las mujeres y hombres que trabajan reencontrando la identidad perdida de los hijos secuestrados durante la dictadura militar, y por las 30.001 veces que debemos tener memoria

viernes, 25 de abril de 2008

que tan pájaros son tus pechos





Entonces, ¿no entendés

y creés que es un misterio lo que siento?

Soy yo, amor, quien lo pregunta .

¿De verás no entendés

qué es lo que yo siento?

Yo soy,

quien te ha estado queriendo

desde antes que temieras cercanía

y abundaras pretextando los contextos.

Por eso no importará

¡ jamás ¡

que tan flaco sea tu cuerpo.

Que tan pájaros son tus pechos.

Si solamente quiero…

si simplemente

pretendo desnudarte.

Pero vestirte

con mis palabras corporales.

Con mis versos llenarte

deseos en los labios.

Eso, solamente quiero.

Hacer con tu cintura

una eterna boca

de lagunas y dulzuras.

Cubrir con mis besos

tu horizonte de temores

y en pequeños poemas de ternura

escribir lo que me resta sobre tu cuerpo

con otra clase de palabras y de gestos.

Eso, solamente quiero.

Ya ves, no es ningún misterio

lo que pienso.




viernes, 11 de abril de 2008

Sucedió en Julio

Sucedió en julio.

Esta semana, para ser más preciso.

Cuanto te vi entre los puestos de flores de La Alameda, me enamoré de vos en un instante. Pero a mi corazón le provoqué un vuelco tan grande, que el músculo, sereno palpitante hasta ese entonces, se me cayó del pecho y huyó despavorido por la calle, preso de gran agitación.

A riesgo de morirme, aunque molesto por tan repentino capricho, salí tras él esquivando rosas, crisantemos y amapolas, claveles, transeúntes y floristas.

Conseguí alcanzarlo, poco antes que intentara ahogarse en una fuente para pájaros.

Allí, imperativo, lo detuve. Lo conminé a que volviera. Le exigí que retornara presto a su lugar de costumbre. Le expliqué que no por conocido, su latido me era prescindible. Y otras razones que me parecieron válidas, todas, totalmente lógicas.

Pero no hubo caso, se negaba a obedecer y yo, cansado de la dialéctica polémica, fui subiendo de tono y creo que hasta llegué a amenazarlo con algo, pues repentinamente salió como disparado hacia el centro, y, claro está, yo tras él.

Demás está decir que iba haciendo el ridículo, pues lo corría con mi mano derecha tratando de ocultar el hueco que había dejado en mi pecho, para que la gente no me preguntara porqué mi corazón me abandonaba, y menos aún de semejante manera.

Llegando a Garibaldi y San Martín, conseguí alcanzarlo, pero me eludió con sorprendente habilidad, se subió a uno de los semáforos cuya luz le guiñaba luces cómplices y desde allí, no casualmente, comenzó a increparme mientras se detenían los vehículos y sonaban atronadoras las bocinas de los conductores apresurados de siempre.

Una pequeña muchedumbre se juntó de inmediato, preguntando los de más atrás a los de más adelante

-¿Qué sucede, qué pasó, usted lo vio, cuándo y cómo empezó todo?. Los policías vigilantes del sentimiento, como siempre interrogaban

-¿De quién es ese corazón sospechosamente colorado que diatriba?

Algunos estúpidos abstractos se sumaron opinando

-¡Como siempre haciendo nada!

- ¡Puras manifestaciones, nadie quiere trabajar, imagínense, hasta los bobos hacen huelga en este mes!

- Ahá, añadió el policía complaciente: éstas, son cosas de temer!

- Ay, Paquita, que nos quedará por ver, agregó una viejita a su vecina, con los bolsos de las compras en la mano, al tiempo que resonaba claramente un

- ¡Mujeriego empedernidoo! - gritado por mi envalentonado corazón que me señalaba más rojo de bronca que por la costumbre.

- Me das malos tratos. Tomás vino. Escribís poesías... ¡amás en demasía y sin descanso!. Pretendés meter en mí todas las nostalgias de Anabel y de Mariela, de Gilda como de Silvia…y no sigo enumerando porque esta lista se sigue agrandando, y ahora encima hasta soñando con una inexistente Nahira. Euuu, che, nop, ya es demasiado, ya no estoy para estos trotes... ¡Qué se yo cuántas cosas más me dijo, si hasta terminó por acusarme de contubernio con la prosa y poligamia con las rosas!

Y la gente anónima creciendo en número, y yo mirando para otro lado, y ya llegaron de los diarios, el multimedio de las radios y hasta los bomberos voluntarios...

Debí haber imaginado que no resultaría común que un corazón se encaramase a un semáforo a despotricar contra su dueño, así es que cuando más de una vecina solterona y envidiosa de amapolas comenzó a solidarizar con él, mi corazón, a voz en cuore, me lanzó desde la esquina entusiasmado por tan inesperado como efectivo apoyo, su tremendo ultimátum.

-¡O yoo...! - me gritó con su voz temblorosa de actor aficionado - o vos y tus mujeres, el vino, las rosas y la prosa.

Es cierto. Interiormente me identifiqué con lo franca y decidida de su actitud subversiva. Pero no obstante, con la cabeza en alto y una sonrisa a flor de labios que en ese momento de euforia sé que él no entendería, me alejé sin contestarle camino de retorno a la Alameda, soñando nuevamente en rosas, crisantemos, amapolas y claveles, y esquivando transeúntes cada vez más apresurados.

A unas cuadras de distancia, poco antes de volver a encontrarte, me di vuelta y lo miré. Ya estaba sentado en el tierno regazo de una joven periodista, repitiendo su historia, mucho mas calmado, nuevamente enternecido, de nuevo rojo y palpitante, y tontamente enamorado otra vez, como yo me imaginaba.

Si te cuento todo esto, Muchacha de Julio, es porque desde ahora deberemos apretarnos juntos, muy juntos, para que pueda compartir tu corazón. El mío quizás retorne, nostalgioso, por la primavera. Mientras tanto, por favor, apretame fuerte. Muy fuerte. Mendoza es fría en julio, y yo estoy sin corazón.

Datos personales

Mi foto
Maestro por equivocación, jubilado de la docencia pero no de los aprendizajes, escribidor de textos y poesías, escapador cuando puedo de las alienaciones del System, prisionero de los afectos, esclavo de la honestidad, temeroso usuario de la palabra, contestatario cuando puedo y a veces quiero, especialmente vinófilo de los Rojos de Perdriel, salvo cuando "el agua brota pura y cristalina de la madre tierra", vividor consuetudinario y con suertes extraordinarias. Creo que todavía estoy vivo.En la primavera del 2.010 se me murió la poesía junto con unos cuantos pedacitos de corazón. Pero he vuelto, "cantando al sol como las cigarras", a sobrevivirme.

Así como soy

Así como soy