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| Ave-Desaparecida, junto con su padre, en el campo de desapariciones de la Las Lajas, de la Fuerza Aérea Mendoza en 1977 |
viernes, 13 de septiembre de 2013
Amapolas-Ave
miércoles, 11 de junio de 2008
Aquella primera vez, cuando éramos pendejos y queríamos cambiar el mundo, qué lo parió
El farol de la media cuadra se cuela por un resquicio de la cortina, dándonos una media luz tanguera. Después de un momento de duda, tapados hasta las cejas, separados, rígidos, me termino de desvestir, y luego, ya ambos totalmente desnudos, nos abrazamos para tiritar juntos con las pieles de gallina, (¿no era que se salva la vida de un congelado cuando uno se desnuda y se acuesta al lado? ¿Ah no? ¿ No necesariamente? No, porque el temblequeo es intenso)
(Yo hubiera necesitado algún instructivo extra, releer algún texto orientador, pedir un break antes que el cuerpo de la flaca se duplicara en el mío, porque sus piernas se enredaron en las mías impidiéndome hacer otro movimiento que no fuese el que la naturaleza, desbordada de teorías me marcaba. Antes de darme cabal cuenta de lo que estaba sucediendo, un largo suspiro entrecortado de mi parte despierta del ensueño a la flaqui.)
- ¿Terminaste? ¿Ya terminaste?.
- Sí, sí, lo siento, pucha mayo, lamento, es que no pude...
- No, no, está bien. Todo está bien, pero no te salgás, quedate dentro mío, por favor.
Con una dulzura más propia de su femineidad que de su experiencia, ella le busca secretos, paciente en su urgencia, tratando de volver a despertarle con suaves caricias cada parte del cuerpo. Le besa los párpados, las manos, cada uno de los dedos. Encadenada a sus piernas para no desacoplarse, se coloca por encima, duplicando con el de él su cuerpo liviano y delicado. Su espalda arqueada hacia arriba, apoyada las manos en sus hombros. Apenas desordenado el pelo le cae sobre su cara. Se lo lleva con una de sus manos hacia atrás.
Oculto el rostro en la penumbra, sus ojos lo miran con tan profunda intensidad, que, si solamente fuese esta vez, si nunca más tuviera la oportunidad de estar dentro del cuerpo de una mujer, habría bastado esta sola mirada de María para saber cómo es de inmensa la entrega, y exquisita la feminidad sensual con que lo están abrigando
Larga curva de feminidad, se insinúa con la clara luz de la mañana. Con el sol que poco a poco nos deslumbra, estirás los brazos para balancear el etéreo peso de tu cuerpo. Acariciando esa eternidad sensual, apenas limitada por la sutiles líneas de tus formas, despertás hacia el deseo. Anudando tu espalda de barco a mi cintura de puerto, enlazo mis piernas a la pasión marinera de tu barco.
- Boca de uvas maduras - digo apenas, en mi habla empobrecida por el vino de tu lengua. Aún así, pretendo ser poeta, embriagado por las rosas de tus formas, sintiendo tañer la música de tus piernas. Antes náufragos, ahora navegantes en bajeles de seda y fantasía, ebrios de mar y sedientos de distancias, al fin hemos vuelto para encontrarnos
- ¿Cuando escribiste eso?
- Antesdeanoche. Me había quedado mal por seguir recordando a Mariela mientras estoy con vos. Vos estabas muy dormida y yo no podía dormirme. Me senté en la cama y te miraba.
Te miraba.
No podía dejar de mirarte. Pensé… mucho tiempo ha pasado sin haber agradecido a la mujer infinita que sos. Y también que he sido muy injusto con tu ternura, y tu paciencia, cada vez que me asomaba y asoma la locura. Sí, si. Yo lo sé. No te olvidés que soy médico, y que no sea un doctor de la mente, no me impide ser consciente de mi estado psíquico. También de mi estado afectivo. Entonces, mientras te acariciaba la espalda, me surgió de repente el volver a escribir un poema, cuando recordé aquella primera y única vez que hicimos el amor.
Aparece en sus ojos una leve sonrisa giocondina. Baja entonces para besarme el labio que ya no siento para nada hinchado. Cubre mi boca con la suya, su lengua me dibuja un mundo dentro de la mía. Sus manos me acarician aquí y allá, o me pellizcan, me contornean una y otra vez. Su boca son dedos, sus dedos son lenguas, su cuerpo un calor de verano en enero que acuna mi sexo dormido en movimientos tibios y cadenciosos.
Con todo el tiempo del mundo contenido entre sus dedos y su lengua, su búsqueda será una progresiva estimulación sensorial en la conquista del deseo, hasta que las frazadas molesten, las sábanas estén de más, y vuelva a sentir la primitiva sensualidad de la desnudez.
Puedo entonces devolver cada una de sus caricias y pellizcos y ser paciente, tal como me acaban de enseñar, recorriendo con mis manos la lenta longitud de sus brazos y sus piernas. Con mi lengua marcar la dimensión de su cuello. Recorrer con mis manos sus hombros toroidales, madurar con su calor sus pechos de manzanas del Tunuyán.
Se detiene mi boca sedienta a beber de sus pezones maternales. Salgo del desierto en busca de los oasis que rodean su ombligo. Me río infantil con sus cosquillas, recubro de ternuras las curvas de su cintura y su cadera, llego con timidez de explorador hasta los rebeldes pelillos de su sexo. Nuevamente conectados con tal exacta intensidad, somos uno sólo, ya expectantes, ahora rugientes, más tarde silenciosos o jadeantes.
En total armonías de cielo azul y lluvia fértil, tierra y árbol, sol y luna, agua y verde, se curvan dialécticamente las geografías de nuestros cuerpos convirtiéndose en arco y en arquera, continente y contenida, barca y navegante, mar y acantilado...
Cuanto más haga el amor, más haré la revolución, cuanto más haga la revolución más me gustará hacer el amor. Amantes del mundo unidos, obreros y estudiantes se abrazan recordando a París 1.968. Hoy en la 5ª sección 1.976, somos más sabios que Ho Chi Min, más revolucionarios que Mao Tse Tung, menos anárquicos que Trotzky, más claros que Perón, tan contundentes como John William Cooke, más lógicos que Marcuse, y tan dialécticos como Marx, pero si Evita viviera sería montonera, y luche luche luche, no deje de luchar, por un amor libre, liberado y popular.
¡Abajo la guerra, ABAJO! ¡Arriba el amor, ARRIBA! ¡María: PRESENTE! ¡Juan: PRESENTE! Hasta la victoria: ¡SIEMPRE CARAJO!.
- Hasta la victoria…estee, ¡BUENO, QUÉ TANTO!. Vamos a cambiar la dictadura del proletariado por el socialismo del amor, María te quiero, Flaco te quiero. Estalla la revolución en nuestro cuarto y en todo el mundo. Fuera los yanquis de Viet Nam, ¡fuera!. En París ’68, ¡vive L’Revolución! ¿En Puerta de Hierro? No. ¿En Santa Clara? Sí. No fue posible en Bolivia, pero sí en la Sierra Maestra, también lo será en la casa de mi abuela, pero lejos de los panfletos y cerca de los cuerpos. Crearemos un nuevo idioma, revolucionando esta árida provincia del cullum desértico, inundando de ríos vitales al Valle de Huentota. Desterraremos el mapuche que tiene pocas esdrújulas. Reinventemos el Milcallac, que tiene pocas palabras. Vivan los pueblos originarios, el Inti y la Pachamama. Seamos huarpes laguneros como Huaquinchay, y no tehuelches terratenientes como Patoruzú. Prolonguemos a Huaymallén en un oasis irrigado que estire los verdes estivales hasta las lejanas Lagunas de Huanacache. Que en cada movimiento de nuestros cuerpos, los desiertos se humidifiquen y crezcan las uvas tintas, moscateles y blancas en los vinos nuevos. En cada golpe de reja, nuestros cuerpos entreguen una renovada oración a la Virgen de la Carrodilla, patrona de los viñedos, y del niño nuevo que algún día gestaremos, a medida que nuestros sexos se canten, agiten, y gozen tan plenamente como ahora. Vive el momento de hoy ¡como si fueras a morir mañana! ¿Y el de mañana? ¡Como si fueras a morir nunca!
La apasionada y mutua entrega comienza a darle vida a los afiches que alguna vez tuvimos en los muros de las casas o el partido. El Che Guevara, con su boina negra y estrella roja, nos sonríe de oreja a oreja. Enciende el habano, nos mira profundamente desde sus ojos esperanzados, levanta el puño izquierdo cerrado en alto y sin decirnos algo se vuelve feliz a Santa Clara. Atrás de él aparece un prolijo y engominado Perón, con reluciente uniforme de teniente general, haciendo encabritar su caballo pinto. Se saca la gorra de oficial, nos guiña el ojo y nos dice gardeliano, muchachos eso es lo que yo estaría haciendo, si tuviera veinte años menos. Pero tengan cuidado, compañeros. No quieran ser más peronistas que Perón. A su lado, una Evita pálida y ojerosa se desprende de los brazos del general, atenaza los suyos a los balcones de la Rosada. Desde allí , levantando ambas manos, pide silencio hacia la plaza, cuya muchedumbre la aplaude y ensordece con vítores y lágrimas. Ella los está buscando en la multitud y cuando los encuentra, desaparecen sus ojeras, sus pómulos se rellenan de calor, su energía de siempre la envuelve en un vaho de soles. La multitud rumorea, se calla, se desdibuja hacia un horizonte de banderas agitadas que pregonan las tres verdades de la patria. Su voz, habitualmente disfónica, resuena claramente haciendo innecesarios los micrófonos.
-Compañeros… silencio por favor. Les quiero declarar a estos jóvenes compañeros, Juan y María, que hoy han dejado de ser estúpidos e imberbes. Ustedes me han vuelto a la vida, muchachos, ustedes hoy, han derrotado a la muerte. No la desperdicien. Por eso llevaré en mis oídos vuestras palabras, vuestra militancia, y vuestro amor, que es la más maravillosa música del pueblo. ¡El amor todo lo puede compañeros, no se dejen engañar! Ámense, che. Quiéranse. Amen al pueblo, no lo traicionen. Sean más peronistas que Perón, carajo. Hasta la victoria, siempre en la lucha con ustedes, compañeros!
Cuerpo mendocino de mujer, dorado por el sol del casi otoño. Pleno y real, asimismo metafórico y geográfico me atrevo a compararte.
Voluptuosa forma de Altos Limpios la cadera. Frescura Huanacache de humedales en la lengua. Cintura fresca del Tunuyán. Espalda líquida del Atuel.
Lenta y montañosa orografía descubierta, Ojos del Salado son tus pechos.
Un Tupungato en erupción, el bajo de tu vientre. En la abrupta soledad de la entrepierna, selva púbica y desierta, entraré a fecundar por las hijuelas la cálida aridez de tu viñedo. Parrales y espaldares recorridos por mis manos serán, grano a grano, cosechados los racimos. Nuestros cuerpos ondularán, presagiando la vendimia.
Verbo o sustantivo, será en tu boca compañera, donde el vino nuevo me emborrache de coraje las palabra.
jueves, 20 de marzo de 2008
El Hijo de María Ave
¿Cómo descubrirla en las multitudes, entre tantas personas inertes que invadían las calles y los edificios, que trasgredían la primavera y las mariposas?
Intenté mirar a ciertas mujeres tan de cerca que se les pudiera ver el alma y la maternidad, la inocencia y el deseo, la esperanza y aún la tristeza, diciéndole madre, sin saber cómo nombrarla, y obviamente, nadie contestándome
¿ Cómo reconocerla, en esa brigada férrea de rostros y personas que me rodeaban, apurados de relojes, deseando que olvidara, en dónde habitaba su cuerpo, por dónde navegaba su alma, en caso que ella hubiera…?
Grité PADRES!!! sin saber si me escuchaban, pero queriendo que me escucharan
¡Encuéntrenme!
No me dejen en este bosque urbano de lobos feroces disfrazados de humanos!.
¡Atrévanse!
a dejar el llanto que ahoga voluntades tras los párpados caídos...!
¡Libérenme!
de este encierro de memorias transmutadas, que yo aún los espero con mi propia memoria confundida por otros afectos que vinieron.
¡Yérganse!
Sean más altos que el alto acantilado y las montañas de murallas, y las leyes del espanto.
¡Levántense!
sean faros de primaveras entre las nubes del invierno.
Como faros brillantes necesito que se levanten, porque a pesar de la luces que me dejaron de recuerdo, estoy navegando a ciegas a su encuentro.
lunes, 25 de febrero de 2008
CARTA PARA MARIA AVE
La vida era eterna en cinco minutos, Víctor Jara. Cinco minutos para Mariela, amaneciendo 1.973. Cinco minutos para María de Los Mares, y pasó 1.975. Cinco minutos con María Ave, y llegó ese absurdo julio de 1.977 pensando adónde ir con los dos pasajes en tren, comprados para intentar escaparle a las putas amapolas de plomo. ¿Qué sentido tenía encarar para el sur o para el norte, y poder escaparsee sólo? ¿Porqué aún sigo dando vueltas a la misma manzana, con esos pasajes abiertos en el corazón? Una cuadra para Mariela. Seguir. Una cuadra para María de Los Mares. Seguir. Una cuadra para María Ave.
¡ STOP !
Ella le cantaba desnuda a la luna y a los pájaros, cuando los monstruos de la noche sorprendieron su inocencia envolviéndola en la sombra mortal de una capucha. Ni tiempo tuvo de proteger sus piernas con vaqueros gastados cuando la metieron de prepo en aquel falcon verde.
Habían venido a robarle hasta el mismo grito, buscándole el habla con urgencias demenciales. Manos engarfiadas, uñas sucias y afiladas, golpes de furia enceguecida. Los ladrones de palabras querían otros nombres, una calle, una ciudad, un puerto, una habitación donde encontrarlos.
- ¡Hablá!. Y vos callada.
- ¡Hablá! Y vos callada.
Nunca se te escaparía un nombre, una calle, una ciudad, un puerto, sola en esa habitación de pared descascarada, donde sólo están tus gritos y el silencio enclaustrando el sol y los sentidos. Piel de aceituna. Regia carne. Flacos huesos opuestos a la sucia suela de los borceguíes engrasados. Músculos perversos que te infectan la cintura. Garras enguantadas que te hurgan las entrañas, y una sola carcajada
- ¡No sea caso que esta puta todavía esté embarazada!.
Vos pensabas ¿Dónde están el sol y la luna, las hierbas y los árboles? ¿Dónde los pájaros? ¿Y las nubes? ¿Y el amanecer en la montaña, y aquel río de agua clara?
Sólo setenta paredes y ninguna ventana contestaban. Sólo hierro, sólo el frío piso de cemento, sólo cables y voltaje, sólo golpes y silencio, y tu mansa estirpe huarpe que yergue una sonrisa denunciando.
- ¡Bajá la cabeza mierda! –
Te insultan con desprecio. Y azotan tu cuerpo, pero no se calman. Y beben de tu sangre, pero no se sacian. Y siguen tercas, tus piernas apretadas. Y siguen callados, tus labios de durazno. Cuanto mayor es tu silencio, más los envenena el rumor de tus cabellos, la suavidad de tu vientre, la ternura de tu boca, esa boca, que sigue obstinada en no decir una sola palabra. Sólo insultos, sólo golpes, sólo sangre en esa eterna pared descascarada.
¿Dónde fue que te llevaron? ¿En aquella casa, casi común como tantas otras casas sobre la Boulogne Sur Mer? ¿Es la casa de San Martín en Francia? No, es la casa de un sudaca, una casa de la infamia. ¿Fue más allá de la coqueta avenida rodeada por el mismo parque de enamorados donde te reías conmigo? ¿ O más arriba entre los cerros donde ahora vuelan los aviones de la muerte y antes tus pechos de pájaros volaban con los cóndores? Todavía no se si fue más allá o más acá. Cuesta la distancia de creer que nunca nadie vio nada. Que fue tan cerca del zoológico donde estos animales se reclaman un pedazo, un trofeo, una libra de tu carne atormentada
- Dénlen otro poco de máquina - ordena alguien como si nada.
- Esta mierdita todavía patalea -carcajea otro, subiéndose los pantalones, y otro alguien carajea en lenguaje cuartelero, mientras tironea de los dientes de tu boca y otro alguien te arranca el vello entre las piernas.
Y eso fue ayer, y eso es hoy, y no se se sabe si es de mañana o es de noche, pero tantos siguen abriendo tus rodillas que quisieran seguir apretadas.
- Dale mierdita, si vos ya estás acostumbrada – dicen los alientos putrefactos que te escupen en la cara. Envilecidos y como si nada, todos siguen sobre tu cintura y el cuello, y la suave curva de tu espalda. Una y otra vez, orgullosa, pequeña y trémula, amapola de todos tus pétalos deshojada. Una y otra vez enfrentándolos con débiles, pequeñas, imperceptibles espinas que apenas rasguñan los rostros sin rostro de las caras asesinas.
Mientras tanto pasa el tiempo pasando sin saber si está pasando. Si alguien vendrá para explicarte, si
- ¿Dónde estás, mamá? ¿Qué pasa con el tiempo?
- Pasa sin estar pasando niña. Sólo descansa. Mirá qué mullida está la cama de suaves plumas blancas.
- Pero Madre, si es el frío piso de cemento.
- Hija, bebe del agua fresca y clara.
- Pero Madre, si es mi sangre que se seca, sobre el borde de la pared descascarada.
- ¿Y qué pasa con el Sol ?
- Todavía hace sol mi niña chica.
Sol entre los soles encendidos por el cielo de Mendoza son tus ojos menos azules cada vez bajo los párpados, hinchados por los golpes. Encima de tu mirada un trapo sucio hace más negro el cielo de la noche. Debajo de la capucha negra aturde el silencio. Un alarido.
- ¿Alguien grita, madre? dice una boca hinchada. Boca que sigue obstinada, ausente de palabras.
-¿Mamá, ya es la hora de salir para la escuela?
- Sí, mi niña chica, aquí está tu té, y este pan con mermelada
Otro alarido y el corazón que se te escapa enloquecido y un médico policial que te revisa con la cara destapada
- Che, si no paran con la máquina se les queda.
- ¿Entonces ya es la hora por fin, de partir para escuela?
Débil piel, débil carne, débiles huesos opuestos a la sucia suela de las botas, a las negras garras enguantadas que por fin dejan de hurgarte las entrañas. Sólo acero. Solo voltajes y metal, y tu cintura desnudada
- ¿Dónde estás, Juan? ¿Y el sol y la luna, las hierbas y los árboles? ¿Dónde los pájaros, y las nubes, el río de Los Molles, y la montaña en Poterillos? Solo este agujero entre las piedras de Las Lajas, hecho de noche y sin testigos que se traga las palabras, y los gritos de tu boca sin un nombre que recuerde al menos el valor de tu silencio.
Eran apenas diecisiete años, de esta Mariela, o Juana, o Jaquelina, compañera, o camarada, o simple estudiante secundaria... nada de nada. Solamente una mujer pequeña, de cabello suelto al viento, por las calles de Mendoza, batallando contra las plazas de cemento, y amapolas en el pecho, y rosada de cintura, y amapolas en el pelo, y amapolas en el trigo dorados por el sol de esta Mendoza que a veces se me olvida que te olvida por un día, por un año, y ya pasaron treinta y mientras tanto se nos pasó el tiempo. Pasando sin saber se nos estuvo pasando si alguien vendrá para explicarnos, si
-¿Dónde estás mamá, qué pasó con nuestro tiempo?
- Pasó sin estar pasando niña, sólo descansa, mirá qué mullida está tu almohada de suaves plumas blancas.
Nada de aquello ha quedado. Ni mi casa, ni la tuya, ni las amapolas que te compraba en la vieja alameda, ahora desecada. Sólo algunas pocas mujeres de pañuelos blancos, que aun te siguen buscando.
Habrá un día, sin embargo, un día habrá, en que vendremos a nombrarte con los otro hijos que tuvimos, aquellos que aún viven de tu sol, con tu sonrisa entre las hierbas y los árboles del parque, los que vuelan como pájaros, sobre el valle de Los Molles, sobre cada uno de los ríos de agua clara, y en Potrerillos, en aquella la montaña de suave nieve blanca. En algún lugar cuando te encuentren, en ese lugar donde los pájaros de tus pechos dejaron de volar, y los soles ya no están, pero donde el agua será siempre fresca y clara.
Pero será sin olvido ni perdones, alumbrados con la luz de tu memoria. Así será, cuando te encuentren, cada marzo 24, cada marzo, abril o mayo silenciados, cada julio con vos y con la Eva. Y en setiembre, en cada primavera, porque si no yo, alguien vendrá a recordarte la palabra y a ponerte flores en el pelo y más flores en el cielo cuando descubramos en qué tierra sin un nombre te enterraron. Entonces podrá ser, será entonces que cantemos con el tuyo los otros treinta mil nombres .
Ahora debo irme, Maria Ave, nombre de pájaro, compañera o camarada, o simple estudiante secundaria. Dejaré por hoy esta memoria que me fatiga, pero sólo por hoy.
Seguramente mañana, con otros más que nos acompañan, te diremos hasta la victoria y siempre, por tu vida y tu memoria Ave, Mariela o Juana. O Carmen, o Jaquelina, compañera o camarada, o solamente mujer, o simplemente amada. Qué importa cómo te nombre, si te nombro con tu nombre junto con todos los nombres de los hombres que fueron Marios, Juanes o Joaquines y en estos eternos cinco minutos de una carta, una canción, una palabra, los sigamos recordando a todos, desde hace treinta años sin olvido ni perdones.
Datos personales
- eltramonta
- Maestro por equivocación, jubilado de la docencia pero no de los aprendizajes, escribidor de textos y poesías, escapador cuando puedo de las alienaciones del System, prisionero de los afectos, esclavo de la honestidad, temeroso usuario de la palabra, contestatario cuando puedo y a veces quiero, especialmente vinófilo de los Rojos de Perdriel, salvo cuando "el agua brota pura y cristalina de la madre tierra", vividor consuetudinario y con suertes extraordinarias. Creo que todavía estoy vivo.En la primavera del 2.010 se me murió la poesía junto con unos cuantos pedacitos de corazón. Pero he vuelto, "cantando al sol como las cigarras", a sobrevivirme.
Así como soy
