domingo, 11 de mayo de 2008

Gracias por los hijos

- “A ella le gustaba tanto mirarla... y a mí decirle, justo cuando se asomaba por arriba del Cerro de la Gloria, mirá “embarazada de luz, parturienta efímera de reflejos". La flaca se ponía toda ternura cuando yo le decía cosas como esa, haciéndome el poeta. ¿Vos no te acordás, ah? Porque en la panza los bebés escuchan todo…” Era 1.974, entonces tenía veinte años y el



GRACIAS
GRACIAS POR LOS HIJOS

Música de AlturasTexto y poesías de Osvaldo Tramontina Teatro Quintanilla Jueves 15 de mayo de 2.008 21 hs


Un agradecimiento a las que dieron vida para que ellos tuvieran vida, y a las mujeres y hombres que trabajan reencontrando la identidad perdida de los hijos secuestrados durante la dictadura militar, y por las 30.001 veces que debemos tener memoria

viernes, 25 de abril de 2008

que tan pájaros son tus pechos





Entonces, ¿no entendés

y creés que es un misterio lo que siento?

Soy yo, amor, quien lo pregunta .

¿De verás no entendés

qué es lo que yo siento?

Yo soy,

quien te ha estado queriendo

desde antes que temieras cercanía

y abundaras pretextando los contextos.

Por eso no importará

¡ jamás ¡

que tan flaco sea tu cuerpo.

Que tan pájaros son tus pechos.

Si solamente quiero…

si simplemente

pretendo desnudarte.

Pero vestirte

con mis palabras corporales.

Con mis versos llenarte

deseos en los labios.

Eso, solamente quiero.

Hacer con tu cintura

una eterna boca

de lagunas y dulzuras.

Cubrir con mis besos

tu horizonte de temores

y en pequeños poemas de ternura

escribir lo que me resta sobre tu cuerpo

con otra clase de palabras y de gestos.

Eso, solamente quiero.

Ya ves, no es ningún misterio

lo que pienso.




viernes, 11 de abril de 2008

Sucedió en Julio

Sucedió en julio.

Esta semana, para ser más preciso.

Cuanto te vi entre los puestos de flores de La Alameda, me enamoré de vos en un instante. Pero a mi corazón le provoqué un vuelco tan grande, que el músculo, sereno palpitante hasta ese entonces, se me cayó del pecho y huyó despavorido por la calle, preso de gran agitación.

A riesgo de morirme, aunque molesto por tan repentino capricho, salí tras él esquivando rosas, crisantemos y amapolas, claveles, transeúntes y floristas.

Conseguí alcanzarlo, poco antes que intentara ahogarse en una fuente para pájaros.

Allí, imperativo, lo detuve. Lo conminé a que volviera. Le exigí que retornara presto a su lugar de costumbre. Le expliqué que no por conocido, su latido me era prescindible. Y otras razones que me parecieron válidas, todas, totalmente lógicas.

Pero no hubo caso, se negaba a obedecer y yo, cansado de la dialéctica polémica, fui subiendo de tono y creo que hasta llegué a amenazarlo con algo, pues repentinamente salió como disparado hacia el centro, y, claro está, yo tras él.

Demás está decir que iba haciendo el ridículo, pues lo corría con mi mano derecha tratando de ocultar el hueco que había dejado en mi pecho, para que la gente no me preguntara porqué mi corazón me abandonaba, y menos aún de semejante manera.

Llegando a Garibaldi y San Martín, conseguí alcanzarlo, pero me eludió con sorprendente habilidad, se subió a uno de los semáforos cuya luz le guiñaba luces cómplices y desde allí, no casualmente, comenzó a increparme mientras se detenían los vehículos y sonaban atronadoras las bocinas de los conductores apresurados de siempre.

Una pequeña muchedumbre se juntó de inmediato, preguntando los de más atrás a los de más adelante

-¿Qué sucede, qué pasó, usted lo vio, cuándo y cómo empezó todo?. Los policías vigilantes del sentimiento, como siempre interrogaban

-¿De quién es ese corazón sospechosamente colorado que diatriba?

Algunos estúpidos abstractos se sumaron opinando

-¡Como siempre haciendo nada!

- ¡Puras manifestaciones, nadie quiere trabajar, imagínense, hasta los bobos hacen huelga en este mes!

- Ahá, añadió el policía complaciente: éstas, son cosas de temer!

- Ay, Paquita, que nos quedará por ver, agregó una viejita a su vecina, con los bolsos de las compras en la mano, al tiempo que resonaba claramente un

- ¡Mujeriego empedernidoo! - gritado por mi envalentonado corazón que me señalaba más rojo de bronca que por la costumbre.

- Me das malos tratos. Tomás vino. Escribís poesías... ¡amás en demasía y sin descanso!. Pretendés meter en mí todas las nostalgias de Anabel y de Mariela, de Gilda como de Silvia…y no sigo enumerando porque esta lista se sigue agrandando, y ahora encima hasta soñando con una inexistente Nahira. Euuu, che, nop, ya es demasiado, ya no estoy para estos trotes... ¡Qué se yo cuántas cosas más me dijo, si hasta terminó por acusarme de contubernio con la prosa y poligamia con las rosas!

Y la gente anónima creciendo en número, y yo mirando para otro lado, y ya llegaron de los diarios, el multimedio de las radios y hasta los bomberos voluntarios...

Debí haber imaginado que no resultaría común que un corazón se encaramase a un semáforo a despotricar contra su dueño, así es que cuando más de una vecina solterona y envidiosa de amapolas comenzó a solidarizar con él, mi corazón, a voz en cuore, me lanzó desde la esquina entusiasmado por tan inesperado como efectivo apoyo, su tremendo ultimátum.

-¡O yoo...! - me gritó con su voz temblorosa de actor aficionado - o vos y tus mujeres, el vino, las rosas y la prosa.

Es cierto. Interiormente me identifiqué con lo franca y decidida de su actitud subversiva. Pero no obstante, con la cabeza en alto y una sonrisa a flor de labios que en ese momento de euforia sé que él no entendería, me alejé sin contestarle camino de retorno a la Alameda, soñando nuevamente en rosas, crisantemos, amapolas y claveles, y esquivando transeúntes cada vez más apresurados.

A unas cuadras de distancia, poco antes de volver a encontrarte, me di vuelta y lo miré. Ya estaba sentado en el tierno regazo de una joven periodista, repitiendo su historia, mucho mas calmado, nuevamente enternecido, de nuevo rojo y palpitante, y tontamente enamorado otra vez, como yo me imaginaba.

Si te cuento todo esto, Muchacha de Julio, es porque desde ahora deberemos apretarnos juntos, muy juntos, para que pueda compartir tu corazón. El mío quizás retorne, nostalgioso, por la primavera. Mientras tanto, por favor, apretame fuerte. Muy fuerte. Mendoza es fría en julio, y yo estoy sin corazón.

miércoles, 2 de abril de 2008

Sólo vos te darás cuenta








CARTA PARA UN DOMINGO DE MAÑANA,

Y SU TARDE DE DISTANCIA

Veintitrés de marzo.

Puede que sea en la hora material de los relojes, las cinco y tantos minutos y eso, aproximadamente. Será redondeando, casi las seis de esta madrugada.

Vos dormirás todavía, en tu casa, allá en lo alto. ¿Estarás durmiendo todavía?

Asomado a mi patio de jazmines yo estaré esperando que salga el sol.

Sé que esto sí sucederá. Lo saludaré con mis dos manos levantadas, y entibiado por el fuego ahora antiguo de nuestras geografías, te escribiré esto que te estoy escribiendo.

He descubierto lo que vos estarás sabiendo enseguida,

cuando enseguida te despiertes.

Que me estoy despidiendo anticipadamente.

Y que es de sorpresa, aunque nunca será de espaldas.

He creído posible resumir con mis palabras en estas páginas que hasta ahora te he escrito, los apenas meses, estas escasas semanas, duplicadas por las tantas pocas horas que llevábamos juntos. Desde aquel primer encuentro en que nos descubrimos el fuego, hasta esta distancia del hoy, redescubierta por vos, al saber que cuando me besabas, el otro amor que tenés te circundaba el horizonte, limitándote la cintura.

Por aquel dejaré de perseguirte entre los sueños, el sueño de gaviotas libres que nosotros, al fin, tuvimos por un día, una semana, una cantidad de momentos que no quiero cuantificar.

He querido despedirme con el aire, porque vos ya elegiste, me parece, caminar con tus pies sobre la tierra.

Eso es, naturalmente lo normal para quien dudaba tener alas en vez de brazos, y creía no poder volar, como los pájaros.

No me quejo. Jamás podría en modo alguno

quejarme por tu forma de ser. Se balancea y equilibra con todo lo que quisiste compartirme.

Te digo pues, sinceramente, que no se quién fue más valiente a la hora de encontrarse con el otro. Esto es tontamente indefinido a pesar de lo perenne,

a pesar de las certezas.

Nosotros, creo yo, las únicas que tuvimos las hemos vivido tan intensamente.¡Y eso habrá importado !.

Por eso he pensado nuevamente en escribirte, aunque esta vez sea para el no-más, para el despedirme, y detener por este día, el vuelo de pájaros encendidos que tuvimos entre los dos.

Desandando la realidad, retorno a los misteriosos caminos que todavía no están escritos,

para devolverte la libertad que nunca perdiste,

y te escribo un poco más, nada más que para mantenerte de este modo, por unas pocas horas, en este absurdo correo electrónico, que, lo sé muy bien, tanto te molesta.


Te confieso que había creído posible mantenerme en vos todavía un poco más de ese más que hace unos días te decía, aunque más no fuera, aunque más no sea que nada más fuese, sino en el extremo de estas tantas palabras y palabras, para que con ellas pudieron viajar los principios de mis dedos, e imaginados por el aire, otro poco de mis besos.


Te doy las últimas gracias por leerme, como tantas otras veces te di las tantas gracias por todos los tantos tiempos que me diste, desde el antiguo Teotihuacán, hasta el verde de Urubamba, la melancólica Lisboa portuguesa, o en las calles invisibles de la Cuarta Este ¿Te acordás? Cuando me decías tus “te quiero” susurrando, para que nadie más que yo los escuchara, temerosa de palabras y vecinos, de cercanías y contextos. Aunque luego vinieran tus arrepentimientos por haberlas pronunciado.

Por si algún día nos volviéramos a encontrar, y tu mirada volviera a decirme lo que alguna vez me dijo cuando a vos te andaban mariposas por el vientre, y a mí los cóndores revoloteando por el pecho...

Por si volviera a haber, después de ayer, otro día más entre nosotros, ese día te bastará, ya lo habrás imaginado, que me dijeras, que simplemente sonrieras un ¡Hey, Tramonta!

Así nomás, sin nada más. Al escucharte, al mirarte a los ojos, profundo, y volver a sentir tu mano apretando la mía, yo sabré que habrás vuelto.

Que de nuevo estarás despertándome de mis sueños intranquilos, para decirme breve y totalmente, aquí estoy, he vuelto. Por este día no me iré jamás de tu costado.

¡Sucederá entonces!. Volverá a sucedernos. Se habrá vuelto a encender nuestra geografía. Volverán los recuerdos en alas de los pájaros,

y el amor y los fuegos, las maderas y el deseo.

Y eso importará.

Y nada más.










viernes, 21 de marzo de 2008

Por la memoria

www.cie.unam.mx/~gbv/weblog/luna-asomandose.jpg

AQUELLOS DIAS

CON LA LUNA DE SETIEMBRE

(Gracias por los h.i.j.o.s.)

Un agradecimiento a la vida, y a las mujeres y hombres que trabajan reencontrando la identidad perdida de los hijos secuestrados durante la dictadura militar

y por las 30.001 veces que debemos tener memoria

Música de Alturas Texto y poesías de Osvaldo Tramontina

Espacio Cultural TEJADA GOMEZ- 19 de marzo 2.008

Inauguración Coord. DD.HH-Mucip. de Guaymallén

LA CHARAMUSCA SABADO 22 DE MARZO DE 2.008

Jornada por la memoria



"Vos pibe, empezaste a llegar cuando un día amaneció esa larga curva de femineidad a mi costado.

Insinuada con la tenue luz de la mañana, ella estiró sus brazos para balancear el etéreo peso de su cuerpo con el sol, que poco a poco deslumbraba. Acariciaba la eternidad sensual, apenas limitada por las sutiles líneas de sus formas. Ella despertó hacia el deseo, desde el horizonte marítimo de su cuerpo, anudó su espalda de barco a mi cintura de puerto y yo, ¡qué tanto! enlacé mis brazos a la pasión ondulante de sus piernas.

Le grité al cuerpo que pretendía descansar: ¡Quiero navegarte desde la proa de esta cama!. ¡Pechos de mar y cuerpo de guitarra, le dije también músico y marinero enredado por las sábanas, para ese entonces hinchadas velas, en el viento apasionadas. Boca de uvas maduras, decía mi habla empobrecida por el vino de su lengua. Y ya embalado, ¡quiero ser poeta, necesito urgentemente ser poeta! Estoy embriagado por las rosas de tus formas, siento tañer la música de tus piernas ¡Quiero ser poeta!

Poeta, y músico, y marinero, y más, pretendía ser, cuando, repentinamente, me preguntó cúanto la quería.

- Tengo más de 3.000 caricias, le dije, y trescientos treinta y tantos besos que.....

-Todo y todas cifras, ¿nada más?, ¡matemáticamente insuficientes!, porque volvió a preguntarme. Quería escuchar algo concreto, entonces le dije, pretendiendo en serio ser poeta:

Dejame ser tu navegante en este bajel de seda y fantasía, estar ebrio de tu mar y sediento de distancias y borracho de placeres y embriagado de metáforas... permitime que te quiera con otros modos, ¿ah?.

Ella asintió con la cabeza, suspiró con el alma sobre mi hombro, porque aún quería escuchar una precisa respuesta. Lo pidió suave, pero era una terca… y yo tan pendejo que no sabía que ella necesitaba saber . Casi que me dio vuelta la cara, apenas un poco preocupada, y entonces, desde atrás de su mirada, dejé que cayera sola, escapada casualmente, resonando queda, la palabra más sincera, la más sencilla, la más amada, la menos solitaria, la más solidaria y dulce, la más abarcativa y simple: "compañera"..........





jueves, 20 de marzo de 2008

El Hijo de María Ave










¿Cómo descubrirla en las multitudes, entre tantas personas inertes que invadían las calles y los edificios, que trasgredían la primavera y las mariposas?

Intenté mirar a ciertas mujeres tan de cerca que se les pudiera ver el alma y la maternidad, la inocencia y el deseo, la esperanza y aún la tristeza, diciéndole madre, sin saber cómo nombrarla, y obviamente, nadie contestándome

¿ Cómo reconocerla, en esa brigada férrea de rostros y personas que me rodeaban, apurados de relojes, deseando que olvidara, en dónde habitaba su cuerpo, por dónde navegaba su alma, en caso que ella hubiera…?


Grité PADRES!!! sin saber si me escuchaban, pero queriendo que me escucharan

¡Encuéntrenme!

No me dejen en este bosque urbano de lobos feroces disfrazados de humanos!.

¡Atrévanse!

a dejar el llanto que ahoga voluntades tras los párpados caídos...!

¡Libérenme!

de este encierro de memorias transmutadas, que yo aún los espero con mi propia memoria confundida por otros afectos que vinieron.

¡Yérganse!

Sean más altos que el alto acantilado y las montañas de murallas, y las leyes del espanto.

¡Levántense!

sean faros de primaveras entre las nubes del invierno.

Como faros brillantes necesito que se levanten, porque a pesar de la luces que me dejaron de recuerdo, estoy navegando a ciegas a su encuentro.












Con tu corazón sobre la espalda





Un débil sol matinal brilla en mi patio

de roja baldosa españolada.

En presuntuoso recibimiento

mis brazos extendidos le dicen a los tuyos:

has llegado por fin hasta la casa.


Esta declaración te produce

longitudes de horizonte,

equidistancia de temores.


Temblando seguirás estando un mediodía

Uno de esos urbanos cotidianos

cuando las dudas te vuelven a suceder.

Geográficamente frontal a tus ojos

el sol de los míos te sigue quemando

intensamente la mirada.


Tus párpados

cuidándose de la fuerte resolana.



Una lenta y extenuante media tarde

tendrán dos distancias

las distancias de tus pasos.

Informalmente sensual con tu jean adolescente

la camisa blanca anudada a la cintura

pero, como siempre, apresurada de vecinos,

entrarás sigilosa

por el largo pasillo

que antecede a los jazmines.


¿ Estarás suspirando por amarme?


¿Querrás besarme debajo de las parras?


Pero, no.

No, que no, dirás retrocediendo.

Que no venís a encontrarme.

Solo a traerme noticias de tus miedos,

negándome los labios,

conteniendo tu deseo de besarme.


Con el tiempo que pasa, sin estar pasando

a la exacta medianoche

de la noche siguiente

-será una más de estas noches de febrero

en que los temores te siguen abrumando-

escaparás de mis besos.

Fugando de mi abrazo buscarás refugio

en la alta montaña de Uspallata.


Allá, en esas alturas, antes del amanecer

entre el sol y la penumbra

caerás,

irremediablemente meridional y fatigada

con tu corazón sobre la espalda.

Datos personales

Mi foto
Maestro por equivocación, jubilado de la docencia pero no de los aprendizajes, escribidor de textos y poesías, escapador cuando puedo de las alienaciones del System, prisionero de los afectos, esclavo de la honestidad, temeroso usuario de la palabra, contestatario cuando puedo y a veces quiero, especialmente vinófilo de los Rojos de Perdriel, salvo cuando "el agua brota pura y cristalina de la madre tierra", vividor consuetudinario y con suertes extraordinarias. Creo que todavía estoy vivo.En la primavera del 2.010 se me murió la poesía junto con unos cuantos pedacitos de corazón. Pero he vuelto, "cantando al sol como las cigarras", a sobrevivirme.

Así como soy

Así como soy