
I - HUBO UN DIOS DISTINTO
Algunos creerán saber la historia. Otros, la recordarán sin saberla.
Y hasta habrá quienes la nieguen, aunque parte de ella la traigan en su sangre.
Había una vez un pueblo, un antiguo pueblo
que vivía en un paraíso natural.
En paz y sin violencia, sin armas ni metal estaban
hasta que llegaron extraños hombres de otro mundo.
De ese mundo aún más extraño todavía
esos hombres trajeron urgencias y codicias ¡tantas!
que las vidas que encontraron, animal o vegetal
humana o mineral, casi fueron desaparecidas
en cuatro siglos y un algo más, de nuestro tiempo occidental.
De los humanos de acá
-pensaron los llegados de muy lejos-
poco vale el pueblo hallado
salvo para hacerlo esclavo de su propia mansedumbre.
Así pudieron irlo matando con los dioses que traían.
Y si estos no alcanzaban blandían las espadas.
Y si eso no bastaba tenían sus palabras
dibujándoles los pechos disimulando sus espaldas.
Pasó el tiempo y a la memoria silenciosa que pasaba
alguien respondía sin estarle respondiendo.
¿Acaso hicieron algo que valga la pena recordarse?
Se han extinguido, nada queda de su sangre
¿ Dónde están si no, los apellidos, su habla, su astronomía
su legado cultural? ¿Acaso tenían economía?
Esas preguntas salieron de las bocas, que fueron
y siguen siendo, la voz de los mismos descendientes
de aquellas extrañas mentes, que hace cinco siglos
nos llegaron una vez, y se quedaron para siempre.
Planificada con rigor su hambre de barbarie
más temprano que tarde, muchos de esos hombres
desembozaron sus discursos de conquista
exponiendo sin freno su sed de sangre.
Algunos pocos se apartaron de esas maldades,
pero sus palabras quedaron encerradas
en complicados discursos académicos.
Demasiados fueron los hombres
que solo se quedaron apenas transcurriendo
sin vivir el gran conocimiento de andar andando
en paz con la naturaleza y sus hermanos.
- Por algunas de esas cosas -creo yo - no es casual
que del pueblo originario apenas sepamos de su lengua
de sus voces, o su historia, ni de aquellas sangres suyas
que con sus venas hechas de sol, sus brazos hechos de luna
a largo de los ríos y en lo ancho de lagunas
vivieron por los valles naturalmente naturales.
Deslumbrándonos en cuentos mágicos de hadas
gnomos y demonios con cuernos, a veces
también nosotros descreemos, olvidando la memoria
que todos, alguna vez tuvimos, más en nuestros días
tan llenos de culturas hegemónicas y únicos pensamientos
acaso porque vivimos apurados por urgentes tiempos
de otros relojes más urbanos que certeros.
A lo largo de los siglos, de su estado actual
en algo, algunos han sido cómplices
cuando menos neutrales, silenciosos escuchantes.
Así quisieron que fuera aquella vez
y tal vez sea así por el que aun hoy
nos siguen impidiendo recordar
cómo nacieron por primera vez nuestras moléculas
compartiéndose maíces de amarilla sangre
en soberbios territorios de agua y de totoras
de arenas y algarrobas, de junquillo y de jarillas.
Aquella noche de invierno en Altos Limpios
quien me hablaba me dijo, le dijeron
lo nuestro, no es tan solo una leyenda que se cuenta.









