sábado, 26 de diciembre de 2009

Medianoche del sur

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El próximo veintiuno de junio
deberemos salir al encuentro de nosotros mismos.
En el preciso comienzo de ese año nuevo solar
bebiéndonos en chichas a la mediamadrugada
esperaremos el amanecer iluminando geografías.

Serán apachetas vitales nuestros propios cuerpos.

Enmantados con la urdimbre originaria
estaremos desnudos y naturalmente naturales
prontos a pasar esa noche larga con mayor tranquilidad.

Así entibiados nos llegará más pronto el sol.

Desde la hermana tierra madre
un nuevo día de nuestro nuevo año nos será prestado
para que imaginemos vivir muchos más días
aunque algunos vivieran con sus sombras

Y si nos sucedieran las tardes con penumbras y pesares
alimentarnos en patayes
los sensuales torrentes del verano por venir.

Así tendríamos más fuerzas cada vez

para repetir estos orgasmos irreverentes
construyendo nuestras arquitecturas imposibles.

Porque hemos de morir.

Algún día será ese día en que sin sonido
se mueran nuestros sitios corporales
los espejismos y sus desiertos.

Que sea cuando la muerte quiera.

Pero que nos encuentre amándonos más alto
que en los planos sin misterios de malales.
Y si es de sorpresa, que sorpresivamente sea
pero ardiendo en las profundas latitudes
de llankanelo y huanachache.

Desde allí, desde el agua clara en las lagunas
volveremos a nacer como un día ya nacimos

Desde el fondo de la tierra humedecida
brotaremos renovados epitelios de dulces algarrobos.
Encendiendo fragantes maderas de jarillas
nuestro cuerpos extintos seguirán encendidos
mucho más allá de nosotros mismos.

A bordo de aquellas antiguas balsas de totoras
buscarán nuestras esencias
nuevos horizontes que incendiar

Así habremos renovados, una vez más,
nuestra eterna geografía de los fuegos






Merodean los fantasmas precavidos

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Como nunca
enmarca las ventanas
sonriéndonos, una primavera vital

Como siempre
cuando el temor hacia el verano
silencia las bocas del invierno en nudos marineros
querrán invadirnos intereses cronográficos.

Alguien nos pedirá, detalles de los puertos.
Por hábito y desuso, temblarán
quejándose
las puertas de madera
y desde los vanos
ondularán evanescentes las cortinas de los párpados.

Una vez más, un día más
intentaremos perder la solemnidad urbana.
Desnudarnos de sus ropas y prejuicios
dejar que pasen a jugarnos
solamente los suspiros.

Lenta
como siempre
seguirá esperando en el alféizar
la siesta de ojos asombrados.

Pero también, pronta la mediatarde
con su carga de noctámbulas distancias.

Mutuamente ensimismados en caricias
desentendiéndose de los presagios
las cinturas ensayarán nuevos lazos de ternuras.

Los cuerpos, contorsiones voluptuosas.

Con ellas en álabes delicados,
al llegar la noche encenderemos ceremonias
y velas hacia el sur brillantes de rituales
advirtiéndonos una al otro
están al llegar por las cornisas
las penumbras del norte
y con ellas merodeando sin estar invitados
los fantasmas precavidos
sus temores y cautelas.

Si.
Puede ser que eso nos suceda
nos diremos ese día invadidos por la duda.
Pero, si eso nos sucediera
deberemos hacer retroceder todas las certezas
susurrarles valentías a las sombras
burlarnos de su sigilo.
Gritarle a todas ellas
todavía hay soles plenos, dentro nuestro
y un suspiro, y mares con llanuras
y muchos más latidos.

Cuando el tiempo se haya dejado convencer
apaciguado por la noche
esperaremos que retorne el día
y al amanecer de nuevo envueltos en desnudeces
de nuevo epiteliales en trigos y maíces
quinoa y portugales
volveremos a ser lisboas y urubambas
llankanelo y huanacaches
y verdes de agua y de junquillo
derrotaremos una vez más
a las arenas y sus misterios
los espejismos y sus desiertos.

Geografía







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Por el árido Lavalle del desierto Huanacache

perdidos de invierno nacimos alguna vez.
Geografía natural renacida en el verano
entre densos algarrobales, chañares y jarillas
fuimos dorados granos del maíz o la quinoa

Trigales posteriores nos sucedieron luego
y vides, en parras de castellana hilera.
Sensuales epitelios desde el Norte hacia el Sur
americana sangre en este Valle del Huentota
primigenios y amarillos coironales, y después
europeos viñedos primaverales de vendimias
frutales corporeidades de damascos y duraznos.

Desde el sur vinieron tus ojos, tu mirada nacida verde
en aquel San Rafael de los álamos dorados
para hacerse conmigo circular y diamantina
cintura líquida por San Carlos.

Suavizado otoño de nogales nuestros párpados
en Tupungato dibujaron horizontes de nostalgias.
Lasherina, recuerdo que tuviste cerezas en la boca
cuerpo de manzanas sonrojadas por el Uco.

Redondas uvas, enhiestos álamos, sólidos nogales
jugosos frutales de verano nos fuimos extendiendo
sobre montañas y lagunas, valles y secanos.
En cada molécula de materia, siempre nuestro fuego
estuvo incendiando geografías mineral y de frutales





viernes, 25 de diciembre de 2009

El destino de los fuegos














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Alto acantilado para la sed de las vertientes
en Potrerillos sobre el Valle de Los Molles,
por el lejano sur entre malales
más arriba aún que El Sosneado y los Ojos del Salado
nuestros destinos encontrados han previsto separarnos.
Cubiertos en epitelios de pueblos originarios
la memoria de ancestral sabiduría aconseja la distancia
desandar los caminos recorridos.

Es hora ya de irnos, nos decimos a nosotros mismos.


En este día sorprendente, sorprendidos pájaros en vuelo
como cóndor y gaviota volando en plenitud de cielos
extendidas nuestras alas extasiados por el aire
anudándonos las palmas totalmente renacidos
prometemos al despedirnos con nuestros cuerpos
volando latitudes por el cielo
hasta siempre amante mía para siempre amado tierno.

¿Será para siempre?, preguntaremos de nuevo
con los pies sobre la tierra al vestirnos nuevamente
con las urbanas ropas grises del gris urbano cotidiano

Cómo saberlo, nos decimos dudando
nuevamente de nosotros mismos
si recién estamos aprendiendo y del tiempo de estas cosas
ni vos ni yo sabemos mucho por ahora.

Pero tenemos esperanza porque en nuestras manos
estuvo el destino de los fuegos como en nuestro horizonte
latiendo los deseos y así de desbocados
plenos de memoria,
ansiantes de ternuras cotidianas
tan llenas de amor las geografías que inventamos
permanecerán en el recuerdo de este día
tan único irrepetiblemente único que llegaremos a despedirnos
los oídos y las bocas, la cintura y las miradas diciéndonos
hasta siempre amada mía, para siempre amante tierno.

Último incendio de las lunas

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Abordante marinera sin mares ni descansos
sobre la cama, vos también cerril amauta
incendiarás las lunas sospechando la última vez.

Jarillal, crepitante de pochoclos y maíces
sobre las sábanas sofocantes me retiro siendo arena
reclamando un oasis al desierto entre tus piernas.

Cantan, diminutas ocarinas de arcilla
los pequeños pájaros de tus pechos.

Tus dedos, virginales balsas de totora sobre el agua
siguen riéndome la espalda sencilleces prematuras.

Deslumbrada de carmines en mi oído
por la altura del deseo urgirá tu boca escandalosa
anunciando sin retórica que las palabras
no precisan más que otras palabras que obliguen a callarlas
pero si un día volvieran a hacernos falta nos hablaremos
con el alma misma de las lenguas castellanas
gitanas y andaluzas, arábigas o itálicas
abstractas europeas, latinas o consonánticas americanas.

Ellas hace siglos comenzaron a decirse
lo que ahora sin sonido se dicen nuestras bocas
y alguno que otro corazón ruborizado

¡Es que nos quemamos tanto!
Ardimos tanto en estas últimas semanas
prisioneros de los fuegos en estos únicos temblores
de volcanes y calores convergentes de sexo y de verano.
Se consumieron tanto las lenguas y las bocas
los dedos y las manos que ya no restan álamos, ni calles
ni páginas del cuerpo donde seguir escribiéndonos deseos.

Sólo algunos ocres quedarán hoy jugando al piedemonte.

Mañana unas pocas vegas tenues
asomarán sus nieblas empañando los espejos de la cara.

Por entre el humo de los incendios que se extinguen

habrá comenzado el otoño a tratar de derrotarnos los senderos.








Amautas del deseo


"manzanas", óleo sobre lienzo de Segundo Aponte Ipanaque-Perú-2.008














Sospecho que el verano terminará de todos modos.

Habiendo padecido ropas como cardos desflecados

sin ellas y sin tiempo, contemplándote desnuda
quisiera que de nuevo originarios recordemos
el encuentro profundo de los cuerpos.

Rehacer las urdimbres milenarias que trenzamos
en aquellos instantes irrepetibles de Payún Matrú
Pehuenché valle o Laguna del Diamante
gritándole a tu cuerpo, y a la suma de los vientos
soy el geómetra más desquiciado
y el menos poeta que hay entre otros muchos
pero más, pero mucho más soy entre los menos
que enamorados como yo
hayan podido declararte tan exacta
la curva de la luna llena que habita en tu cadera.

Nadie como yo redondeando tu cintura podrá sentir
como yo lo siento ahora, que te llegarán los hijos
en la quietud de la madera.

Quien como yo si no, podrá, extendiéndote los brazos
abrírtelos en tan abiertos ventanales sin cristal
que trasluzcan hacia afuera este vuelo de ternuras
en alas de mariposas, en plumas de los cóndores
sobre el agua quieta en las lagunas
con el calor de antiguos soles.

Si en el pasado de mi presente fuiste la única mujer
que pudo convertir mis miedos atávicos de alturas
en vuelos ávidos de montañas
en el futuro de tu presente
no habrá quién pueda como yo
circundar en músicas tu cintura de laguna

cada mañana de domingos.

En mañanas de domingos cinco notas en los siqus
ocarinas melancólicas, tarcas ceremoniales
encrespados moseños de epitelios con tantos silencios
como ecos rebotando los sonidos profundos
a pesar de las distancias, de los miedos
de las torpes cantidades que tuviste
de mi absurda necesidad de predecirnos el futuro.

Entre las cañas laguneras de este único verano
navegando las frágiles barcas de totoras
aquellos miedos que tuvimos seguirán estando.

Pero también los fuegos incendiando las jarillas

Nuestras lenguas seguirán siendo musicales en el aire
en el viento extranjero del simún
en el cálido zonda americano.

Tus voces y las mías seguirán proclamándole festejos
al cántaro de barro humedecido y femenino
que fue tu vientre con la luna por febrero.

Y si alguna vez nos desencontramos materiales
sabremos que seremos permanentemente renacidos
de los cuerpos a las frutas en cualquier estación del año.

En cualquier altura de montaña o llano de secano
podremos decirnos como siempre nos dijimos
hoy seré manzana, mañana tal vez sea durazno
pero siempre alfareros de vendimias
pero siempre amautas del deseo.

Vos la más ternura que haya existido en las lagunas
y ambos de arena y algarrobo, de luna, soles y jarillas
la más apasionada, dulce y humana geografía.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Esas mariposas...

foto de "asgasg", public. en http://2.bp.blogspot.com







Un amanecer rural, anónimo y de invierno
al comienzo de setiembre y cerca del trabajo,
entre un grupo de gente
te sobresalta un temblor.
Aparenta ser el frío, pero yo sé, y vos también
son esas mariposas voluptuosas
que mi presencia te urge recorriéndote los pechos
el suave cuello, las piernas y la espalda.

Sofocada, enrojecidas las mejillas
girando la cabeza hacia uno y otro lado
buscarás ocultarte a las miradas
al sentir que mis manos sin estar ahí
descienden por tus hombros
te rodean quemando la cadera.

Escaparás sin escapar rumbo al mediodía
con el recuerdo de mi lengua atávica de fuegos
persiguiéndote la boca.
Exhausta de calores buscarás refugio a las pasiones
que te incendian territorios en una plaza de ciudad
una cualquiera en la mañana, mediodía, por la noche
en pleno centro de Mendoza, o en los suburbios
cuyos árboles en noviembre
quitarán resolanas con sus túneles de verdes.

En esos meses de ardientes epitelios y verano
te alcanzará otra clase de mis manos.
Serán sobre las tuyas una fuente de frescuras
agua de vertiente, así de fresca y clara
para el rojo atardecer sobre tu espalda, y en tu frente
hasta el costado, pura agua de montaña
que te descanse en manantiales la sequedad epitelial
las temidas circunstancias que llegaron con la gente.

Volarán entonces, libres mariposas por las noches
la mañana, el mediodía, la tarde y sus nostalgias
y seremos lo que siempre hemos sido
hasta que perdiste la memoria del incendio
los amantes extendidos que de Payunia a Llankanelo
inventaron la Geografía de Los Fuegos.

Datos personales

Mi foto
Maestro por equivocación, jubilado de la docencia pero no de los aprendizajes, escribidor de textos y poesías, escapador cuando puedo de las alienaciones del System, prisionero de los afectos, esclavo de la honestidad, temeroso usuario de la palabra, contestatario cuando puedo y a veces quiero, especialmente vinófilo de los Rojos de Perdriel, salvo cuando "el agua brota pura y cristalina de la madre tierra", vividor consuetudinario y con suertes extraordinarias. Creo que todavía estoy vivo.En la primavera del 2.010 se me murió la poesía junto con unos cuantos pedacitos de corazón. Pero he vuelto, "cantando al sol como las cigarras", a sobrevivirme.

Así como soy

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