miércoles, 23 de diciembre de 2009

Geografía del fuego desbocado

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Ciega un resplandor furtivo, un espejismo en resolana
cuando huarpes de vestimenta nos preguntamos
desnudos y en silencio, si será así como terminan
los veranos pasionales en el tórrido desierto lagunero.
En semioscuridad
bajo cruda luz de velas que atenúan las preguntas
llegarán las múltiples respuestas a esas dudas
en la quemante claridad de nuestras lenguas.

Con ellas y otros modos intentaremos protegernos
ordenando a nuestras pobres piernas terrenales
que sean pájaros de nuevo alzándose en alas de taguas,
cóndor, gaviotín, cisne o garzas blancas
remontando las montañas que nos ciegan horizontes
impidiéndonos tener trasparencias en los ojos.


Navegando frutas dulces en arrastres
yo volcado vos erguida, en esta inquieta geografía
nuestras manos recorrerán líquidas los cuerpos.
En claridad de agua surgente, aquellas y las bocas
derribarán las alturas, cumbres y convenios
sin que pierdan su belleza de cascadas
ni ensordezcan al volar sobre el abismo, ni quieran,
calladas, descansar solamente en las penumbras.


Vencidos cada uno de los temores a la tierra
que contaminan la pureza de Altos Limpios
despojaremos del plástico a las hojas de las ropas
prometiendo derrotar por inútiles y certeros
los rituales tan urbanos que atrás nuestro
se han vendido en contrabando de raíces
y primitivo y primigenia, principales de risas
acordaremos ser oasis, extendidas cinturas de lagunas
algarroberos de dulzuras, agricultores principiantes
manzanas coloradas, granos de uvas blancas.

Dando mordiscos infantiles en las peras amarillas
derramándonos sus jugos con sonrisa entre los labios
nos templaremos en vientos cálidos de zonda
cada vez que nos urja el hastío indiferente
que buscará enterrarnos sin piedad
en frías y oscuras ciudades de cementos.

Nuestras caras sin sus máscaras, serán manos,
dedos
, piernas, brazos, voces hechas nudo y grito
electrizando preponderantes las naranjas del costado.
Las frescas limas nos darán cosquillas verdes
tus labios, encendidos rojos tropicales
y risas, los maíces blanquecinos de los dientes.

Mordiéndonos las naciente yemas de los dedos
para hacernos vinos nuevos de chañar
renaceremos otra vez
por los desiertos
donde alguna vez fuimos trigales

y quinoa mucho antes, festejando nuestro encuentro
no casual en este valle dorado de Los Andes.

Así nuestra historia será este presente
renovado viaje epitelial desde el desierto y sus arenas
a las montañas y sus aguas congeladas
fundiéndose de nuevo en las lluvias del verano.
Los despertares de esa conciencia tendrán
arcoiris plenos en el cisne delicado de tu cuello
cielos de valle por la espalda, colibríes tus ojos
relámpagos de verde sobre mis párpados.

Eso importará, sobre todo.
Después de eso, nada más, salvo tu cintura.

¡Ah, tu cintura! y sus longitudes de laguna
serán eternamente frescas, como tus brazos
y tus muslos desnudando amaneceres,
derrotando soledades.

Eso importará.
Y el alféizar de una ventana
donde cuelguen cada mañana hacia tu vientre
en enamorados racimos mis palabras.

Estar desnudos en un piso de madera entablonada;
amarnos, arrebolados por los zondas;
que nos primen los deseos, los impulsos
importará solamente si somos capaces
de erradicarnos temores y certezas.
Entonces podrán sin culpas de futuro
ni congoja en el pasado
ser salvajamente mordisqueadas las frutas conseguidas
convertirse en bocados delicados

las soberbias humedades.

Tantos sentidos recordaremos sin nostalgias
a la hora de bebernos con un solo golpe
estos veranos y sus verbos conjugados
Y estas geografías desbocadas de fuegos
que nos quemaron al mirar, oler, morder
ceñir, gritar y destaparnos los oídos
acomplejados de silencio.

Eso habrá importado.
Eso importará y el haber sido, quizás alguna vez
tanto americana de Chíchen Ítza
como emplumado Quetzalcoatl
imperceptibles y anónimos granos en la arena
estrellas fulgurantes, como simples gotas de agua

Aún viniendo de antiguos soles

aunque hayamos sido
mares extendidos
encerrados y verdes valles de montaña
lagunas o desiertos, ultimamente améridos
y consonánticos totales, lo que importará
será habernos reencontrado por fin
después de tantos siglos
casualmente por las calles.
En estas reales calles de la Cuarta Este
donde estamos ahora despidiéndonos por fuera
habernos encontrado de esta manera,
eso habrá importado, y nada más.
¡Y nada más!


Después, mucho más después
que el viento de los tiempos
haya pretendido
derribarnos la mirada
y puestos uno sobre otros
en múltiples pliegues nuestra piel

aún después que el Payún Matrú
se haya envuelto en nubes para siempre
y desecadas las aguas de llankanelo y huanacache
¡aún después!
seguirá incendiado mi cuerpo de malales

y sonriendo una eterna primavera tu cintura de diamante






Huarpe o Bereber


www.ccss.sa.cr/.../noticias/2008/05/n_568.htm









Es un lento día de noviembre.

Mendocino.


Afuera, empieza la hora de la siesta.


Buscando puertos, una cuerda de cello
roza con el viento, la madera del alféizar.
En el mar turgente de tus pechos
te estoy navegando con las manos
impulsando, con mis besos, vientos cálidos
en la crujiente arena del desierto.

Despertás sobre el piso
ausente de silencios.

A pie,
medio vestida

intentás escapar con tu cadera
recogerte la cintura
abandonar las desnudeces
volver a protegerte con la ropa
de mi acoso, levantisco
por las olas de simunes y de zondas.

- Ya ni sé qué es lo que quiero-
dirá tu codo, infantilmente levantado
cubriéndote la boca
escondiéndote al deseo
tratando de dar explicaciones.

Arena temblante y huarpe dispersa por el cuerpo
arisca de ebriedades, en los pliegues de tu blusa
llorás en antigua lengua huanacache.


Encendés un cigarrillo…


El humo se enrosca,

desordenado


trepando la pared.



Con los brazos al costado de mi pecho

te contemplo, gitano, bereber ensimismado
araucano o huarpe, de cualquier modo
tontamente urbano de nuevo mal vestido
con mis ropas de ciudad.

Hacia un horizonte que tropieza en la ventana
sin poder sostenerme la mirada
escribís con el humo, que se pierde por el aire
lo que no podés decirme frente a frente
mirándote las manos, esquivándome la cara
preguntando si te entiendo.

Sigue el humo desordenado escapando de tu boca
trepando el horizonte marítimo de la angustia.
La cuerda de un cello sigue buscando puerto
alejándose del aire, saltando la madera del alféizar.

- Sí - te digo también yo, extrañamente fumando.
- Sé que te asustan los deseos cuando corren,
agitadas

las gotas saladas por tu espalda
al encenderse
la vendimia epitelial de nuestros sexos.
Sé que mi abrazo te embriaga el paladar
más que los tintos de Perdriel.
O tal vez, sea mi lengua
deshaciéndole duraznos blancos a tu boca los que...

- No, pero no que no- dirás, argumentando- Es...
el calor de este verano apresurado.


No ves que el aire está muy quieto.


Las ventanas tan cerradas.


Debe ser la resolana que penetra por el cuarto.


Quita la respiración este viento insoportable.


Es la ropa tanta y apretada que me ahoga.


Escondido a lo largo del ruedo de tu falda
circundando tus piernas, sobre tus labios
suspirando con cada bocanada de humo
cada vez que encendés un cigarrillo
yo sé lo que te pasa.

Te lo explico nuevamente, de nuevo sin palabras
mientras el zonda, como cello, persiste en arañar
sobre el borde del alféizar
las ventanas de madera de la casa.

Siguen mis besos impulsando vientos cálidos.

Restalla, apagada, sobre el piso entablonado
la crujiente arena del desierto.

Más tarde
seguirá siendo noviembre.

Continuará, mendocino
este lento día apasionado.

Afuera

quieta

sin prisa

adormecida y urbana

como siempre

estará pasando la hora de la siesta.







martes, 22 de diciembre de 2009

Arquitecturas imposibles

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A las cinco de la mañana de un día cualquiera de diciembre
tus pechos se despertarán prisioneros de mis besos.
Tu cuerpo amante, largo arco extendido
sinusoidal y llankanelo amanecerá
profundo de caricias y volcanes.

Muy temprano para tu acostumbrado es-tarde-debo-irme
a una hora indefinida de este día cualquiera de diciembre
la regia piel de tu contorno seguirá dilatada
en la exacta dimensión de los asombros.
Sin temblores ni penumbras, en quietudes laxas
mis manos de madera en tu cintura de laguna
serán torpes aprendices de horizonte
para las demasiadas lunas que nos pasen
desde las cinco de la mañana de ese lento día por diciembre.

Sucederán las horas de este día cualquiera
cuando el sol que nos tendamos haga que nos vuelen
en mil fuegos lenguas incendiarias penetrando las gargantas explorando subterráneas el ala de los pájaros
embriagando de amaneceres nuestros párpados.

A la hora cinco de la mañana de aquel día de diciembre
le sucederán longitud y latitudes en cantidades naturales
y luego otras horas y más horas
y distintas e incomprensibles dimensiones.
Para ese entonces, el fuego de los fuegos
en nuestros cuerpos presurosos, incansables
seguirá construyendo arquitecturas imposibles.
Los dedos continuarán sus laberintos misteriosos
desgarrando ropajes de urbanidades solemnes.
En esa mañana tan única ese día único de diciembre
libres de candados nuestras miradas
estarán haciendo de las tres paredes de la pieza
anteriormente solitarias, tenues montañas de aire
evanescentes latitudes de epitelios

Más tarde será más tarde
un hecho tan comprobable y evidente...
Habrá pasado la hora cinco en la mañana
de otro día caluroso y extenuante de diciembre.
Pero no tendrá importancia el tiempo y su transcurso
en esa mañana única, un día único de diciembre.

Lo marcarán indelebles nuestros cuerpos
penetrándose con tal profundidad....
aunque sean furiosas sus alas de caricias y vuelen
lánguidas latitudes de tibiezas nuestros mares de madera
y sean nuestras bocas únicas las únicas navegantes
en esos barcos de agua a las cinco de la mañana
de un individual día de diciembre.

Seremos los únicos en estar tan desnudos
pero tan desnudos, que gritaremos la pasión
llenos de coraje.
Prisioneros estarán en las esquinas inservibles de las casas
aquellos perros desquiciados que le aullaban boquiabiertos
a las suaves lunas desnudas de tus pechos.

Nuestros cuerpos serán tan livianos y evanescentes
que saltaran desvergonzadamente obscenos
el alféizar de todas las ventanas a las cinco de la mañana
de un día cualquiera de diciembre.

Más tarde será más tarde, hecho tan evidente...
Habrá pasado un día, ese único día
y sus cinco horas, y dejado de ser mañana
la mañana de ese día único de diciembre.
Pero no tendrá importancia el tiempo y su transcurso
porque lo marcarán indelebles nuestros cuerpos
aunque comience a ser pasado el presente de ese día
y la hora cinco de la mañana haya envejecido
el último día de diciembre.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Cintura de fuego en Huanacache

fotos.euroresidentes.com/.../Fuego%20(00).jpg




Medianoche.

Viernes diecinueve de diciembre

Impetuosa, el agua te corre por el cuerpo.
Afuera,
la luna asoma nuevamente
su cintura de fuego en Huanacache.

Por ella iluminada
pedís que deje de embriagarme con tu desnudez.
Que no te mire más, ni me de cuenta
ni que cuente otra vez las cinco pecas
que en el hombro izquierdo parecen saber
que tan pronto como pueda recorreré de nuevo tu cintura
con deseos de inventarla, perderme totalmente
en la suave geografía de tus pechos y tu espalda.

Tiemblan, iluminan tus minúsculos pezones
dos breves lunas de temores.

El agua refrescante te desborda una sonrisa
se derrama en longitudes líquidas
se ríen también las gotas sobre tu cara.

Es de noche, estoy de intruso, me reconozco
descalzo navegante nocturnal de tu piel desnuda.
Que de pirata he entrado para robarte los temores
un tanto bucanero y otro poco sin permiso
a beberme en bocanadas las sonrisas
el calor de tu cintura al abordarla.

Tensa en múltiples navíos, el arco de tu cadera
suelta velas marítimas cuando despierto belicoso
la quietud tropical embarcado en la entrepierna.
Sobre ella disparás frágiles dedos voluptuosos
en cordajes apasionadamente desatados.

Intentando despertar, insular, del sueño de naufragios
me pedís que me aleje
que desate los nudos marineros de mis brazos.
Que no te mire más, ni acaricie más, ni desee más
porque el fuego de la luna, nuevamente
te está incendiando, abrasadora, la cintura.
Que no te mire, ni acaricie, ni desee, ni que cuente
las cinco horas que se tardan las náyades de octubre
en transmutar en agua a las arenas de Lavalle.

Simulando que te dejo, que hago caso a tu pedido
me retiro a contemplarte desde no tan lejos.

Vuelvo hacia la torpe protección de nuestras ropas
a la distancia de los sueños
entre los radios más geométricos
que rodean el patio de mi casa.
Allí los tardíos azahares de jazmines, y aún más cálidos
los rojos de malvones endulzan todavía el aire tórrido
de este diciembre y su verano.


Pasa el tiempo

delicado


imperceptible.


Tenuemente emborrachada por las uvas
tan lejos como cerca hace un momento
embriagados por el vino de los cuerpos
fumás,
ahora descansando el asombro
en la quietud de la penumbra
el deseo en la seguridad de mi distancia.

-Debo irme ya, se ha hecho tarde- dirás a una hora indefinida
poniéndote el vestido
creyendo que te escucho.

Aromada de vendimias corporales
se extiende la cintura de tu cuerpo.

Los rojos de malvones recogen sus colores

Ya no están desnudas las náyades de octubre.

Largos perfumes de tarde y de verano
retornan a sus cunas de arena
junto con la luna, camino a Huanacache.

Mucho más tarde aun,
sobre nuestros cuerpos
de nuevo solitarios,
individuales
seguirán restallando,
removiéndose inquietos
agitados todavía
y aun encabriolados en deseos
los últimos látigos del fuego crepitando.







sábado, 19 de diciembre de 2009

Somnolientas luces de la Cuarta Este


http://3.bp.blogspot.com








Desprovistos de vergüenzas y rituales
nos hemos amado extensamente.
Nuestros cuerpos, con sus músculos en fatiga
parecen desarmadas armaduras medioevales.

-Hemos sido tan adolescentes- sonreís entredormida.

-Y eso a quién le importa, pero es cierto
te contesto entredespierto.

- Recién es un día mas.

- Ahá

- Apenas un verano dieciséis.

- Sí

- Qué caluroso mes que es diciembre...
-Naturalmente - agrego, sorprendido, afirmo
y preguntando a la conversación de monosílabos -
¿Sabés que hoy, en este preciso día
hemos dejado que nos abandonen
todas las valentías?.

-Y mañana quien sabrá si exista- reís
levantándote desnuda universal desde la cama,
dejando entre las sábanas, cosquillas acílobres,
esa sutil tibieza de mujer
que desde anoche te acompaña,
jugándote sonrisas de gioconda entre los labios.

Ausentes de palabras, convergentes de distancias
nos hemos dicho todo con las manos y los dedos
con las lenguas y los cuerpos, encendidas las miradas
y un almanaque envejecido

- ¿Te das cuenta? ¡ Hemos compartido un día entero!
Enteramente, hemos resumido las distancias
de los meses más antiguos, años, semanas, días.
El que termina ha sido generoso con nosotros
así es que ¡te doy gracias por esta mañana, madrugada!
por esta Mercedes D’al Francesco tan italiana
hoy reencarnada americana en Huanacache
al simplemente desnudarse de sus prisas más urbanas.

Eso le grito trastornado a las nocturnas luces
de la Cuarta Este que hace rato están durmiendo
esperando por mi parte despertar algún reloj sonámbulo.
Que me digan nomás que estoy borracho.
¡Pero si es cierto, quiero aceptarlo de buen grado!.
Tengo que agradecerle en estos vinos de ternuras
la beodez más importante a esta señora
hoy despertada adolescente
en un muy temprano mediodía,
la pasada media tarde, la reciente medianoche
y un posible hasta mañana,
en que habremos cambiado algo,
aunque más no sea durante un sólo día,
tan único e irrepetible las medidas
de aquellos medios que existían.

Han sido trasgredidas aquellas cantidades
tan sajonas y aburridas que regulaban
nuestros días precedentes que alguien seguramente
nos acusará a vos, por desacato a los relojes,
o tal vez a mí por no atarme el cordón de los zapatos.
Por lo que sea, qué nos importan los medios
o fracciones del ayer, si hoy entre ambos
entre ambos, amor mío, hemos sido plenos.
Eso es lo único que en medidas debemos contabilizar.

Ahora sí podremos despedirnos
decirnos sin temor, hasta mañana.

- ¿Será hasta mañana?
preguntará tontamente alguno de los dos.
A quién le importará saber esa distancia
cuando, con la boca pastosa por taninos
y deseos completados, alguien balbucee
instrascendentes cosas tales como
qué caluroso es este mes...

y el otro le conteste:
Es, que es diciembre...

y el otro le conteste:
Naturalmente...

Y ambos descubramos somnolientas
a las nocturnas luces de la Cuarta Este
que hace rato, también como los párpados
se nos están durmiendo.


...Naturalmente...

Geografía del Fuego



























Empieza con urgencia nuestro primer solsticio de verano.

La geografía de nuestros fuegos se incendia

un poco Huanacache, otro tanto Llankanelo.

Te sorprende mi abrazo prolongado

Diré, mirando a la ventana
mañana

será el día más largo en esto que va del año.

Tan suave como siempre,
la noche y su distancia sigilosa

está de espera por nosotros.
Como siempre

cuando llegue así de noctámbula,
te buscaré secretos
y preguntas
mordiendo en un descuido tu oreja de italiana.

- ¿Brillarán mañana las estrellas
en lo profundo de tus ojos? ¿Amanecerá con sol
el cisne delicado de tu cuello?

¿Estará la simple frescura natural

orillando sabrosa tu boca de duraznos?

Tumultuoso y norte cielo la geografía de tu cuerpo
escribe las respuestas arrastrando epitelios de zonda.

Alfarero primitivo
hago y deshago formas
intentando mariposas que refresquen efímeras
tu pecho de azahares encendidos.

Amanecés en mis brazos.
Amanezco en tus brazos abrazado

Abrazo amaneciendo las distancias que por fin
se mueren en esta mutua compañía

Se estremecen

esas cantidades que siempre te preocupan
cuando te busco las piernas
y las encuentro con mi lengua de mil fuegos
reinventando tupungatos y malales.

Urgida por tus risas, vuelan las sábanas

cristalinas sonrisas de laguna del diamante.

Extendidos humedales de huanacache a llankanelo

el aire de nuestra cama se extiende más allá de los tiempos
cuando nuestros labios alzan vuelo
enrojecidos de flamencos.

En cinturas de arena y de lagunas, de junquillo y de jarillas
amarillentos de arenas y maíces, verdes de parras y de valles
nos acostamos otro día entero
largamente longitudinales en deseos.

Anocheciendo, cada tramo acortado de horizonte
escandaliza aún más a tus codos.
Enmudece mi garganta desquiciada de palabras
pero grita tu cadera rebosante de frutales y verano.

Tus pechos tiemblan, ávidos de llanuras

Uvas totales de vendimias y melescas
las tranquilas arenas del desierto
son agitadas por el viento de las bocas.
Reverberan los escasos oasis de telteca
se encrespan las salvajes selvas púbicas
Todo este sensual territorio corporal
se reinventa a cada instante
en nuestros abrazos sin tiempo

Habrá un más tarde
sin embargo
pero en esas lejanías
la geografía de nuestros fuegos
aun se estará incendiando
cuando llegue la noche de los párpados
a tratar de encerrarnos los volcanes.

Solamente entonces dejará de pasar el tiempo

Ya no vendrá con tanta urgencia
el día más largo del solsticio de verano

Será la noche más corta en esto que va del año.








martes, 15 de diciembre de 2009

Longitud de ternura en Llankanelo

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhGCkTTVyzuqXD-sdNCHrky5tR-i9VgFQz_hcEtjBCAAuuEpV__q8a76A9yFg-FTLzBVO9YYGeB3Vh4O0Bcx8HShSsJsV5WWiBSeLIa3nnRm5wpClOpsTzbFSxFMfmQtheEJCLw0X7FxOg/s1600-h/1250203806AGUA+Y+FUEGO.jpg






Sábado, veinte de diciembre, plena madrugada.
Ya no te corre el agua por el cuerpo
ni te sonríe líquido

el verano del deseo por la cara.
Han comenzado nuevamente tus temores por el sol
tus dudas en el otoño, atrapada por la luna
en la alta montaña mendocina de Uspallata.

Apagando las mariposas de tus párpados
impulsiva, con la cercanía de esa luna
pedirás que me aleje de los atardeceres y su misterio
de las garzas y sus vuelos, su cercanía de nostalgias.

Inevitablemente sucederá, lo que siempre me sucede
cuando el agua de tu miedo, rodea a Llankanelo
y contempla desde abajo,
en vuelo rosado a los flamencos.


Quiero dejarte.
Alejarme de una vez y para siempre
de tu dolor de ser montaña
que te aquieta el movimiento
y anónima entre las uvas
detiene la vendimia de los cuerpos.

Inevitablemente sucederá también que arrepentida
viendo las toscas palabras que se caen de mi boca
pedirás con suavidad, hey, Juancarlos Sanches
no era tan lejos que decía y al decirlo
longitudes de tristeza te correrán por los párpados.

Con tus lágrimas de seda
volveré suavemente a los senderos de tu espalda
y en tu cintura a marcarte aún más suaves
ternuras de arropes y dulzuras de patayes por la boca.
También te cubriré el cuerpo
con calor de maderas de jarilla

y con lenguas como fuegos
encenderé atardeceres

sobre el cisne delicado de tu cuello.

Incendios desbocados recorrerán una a una
las latitudes de tu cuerpo desnudado.

Más tarde, después de la luna y antes que el sol
asome su calor por una esquina en la ventana
estaremos nuevamente bajo el agua
descansando de los fuegos.

Ayudaré esta vez, un tanto torpe
a que te saqués el jabón de entre los ojos
desenredarte el pelo con aloe.
También te acercaré toallas y te secaré los pechos.
Sin mirarme, no hagás trampa,
reclamarás como siempre

avergonzada en desnudeces, fingiéndote enojada.
Pero se reirán tus enojos al apartarlos con mis besos.
Así, meridianos de alegrías sonreirán con nosotros.

Ya no te lastimará entonces, la conciencia ecuatorial
de estar envuelta nuevamente en el deseo.
Que desnudos de nuestras ropas muy urbanas
nos contemplemos aún más desnudos de temores.

Ni que se enrieden inútilmente nuestras piernas
haciendo nudos que desaten lo que atan
permitiendo a las caricias suspirarnos por las caras
refrescarse con el agua, entibiarse las miradas
seguir alimentando con deseos nuestros cuerpos.

Así, latitudes de ternura nos correrán por el alma
y una parte de nosotros volverá líquida y arena
a ser parte de los tiempos en lagunas del silencio.

Con el sol y con las lunas por acá por Huanacache
por allá por Llankanelo, longitudes de más tiempos
con nosotros alzando vuelo rodeados de flamencos.

















Datos personales

Mi foto
Maestro por equivocación, jubilado de la docencia pero no de los aprendizajes, escribidor de textos y poesías, escapador cuando puedo de las alienaciones del System, prisionero de los afectos, esclavo de la honestidad, temeroso usuario de la palabra, contestatario cuando puedo y a veces quiero, especialmente vinófilo de los Rojos de Perdriel, salvo cuando "el agua brota pura y cristalina de la madre tierra", vividor consuetudinario y con suertes extraordinarias. Creo que todavía estoy vivo.En la primavera del 2.010 se me murió la poesía junto con unos cuantos pedacitos de corazón. Pero he vuelto, "cantando al sol como las cigarras", a sobrevivirme.

Así como soy

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