vidriera en destrucción, sepa disculpar las molestias
(en algún momento de este tiempo que acaba de pasar, vos sabrás distinguir la temerosa realidad que me impusiste, de la ficción poética con que me recubro para soportarlo. Aunque las heridas de alma no sanan nunca, es necesario sanarse y seguir viviendo. Quién sabe, tal vez haya un mañana, y los pronósticos de tiempo anuncien que habrá sol)
En la hora material de los relojes, puede que sea martes trece de enero, alguna hora en particular y los minutos que marcan sexagesimales el trascurso de un tiempo material.
Vos dormirás todavía, en tu casa, allá en el este. ¿Estarás durmiendo todavía?
Asomado a mi patio donde todavía se animan algunos jazmines blancos, yo estaré esperando que salga el sol. Sé que esto sí sucederá. Lo saludaré con mis dos manos levantadas y entibiado por el fuego ahora antiguo de nuestras geografías, te escribiré esto que te estoy escribiendo, porque he descubierto lo que vos estarás sabiendo enseguida, cuando enseguida te despiertes. Que me estoy despidiendo anticipadamente.
Y que es de sorpresa, aunque nunca será de espaldas.
He creído posible resumir con mis palabras en esta página ahora te escribo, estas escasas semanas, duplicadas por las tantas pocas horas que llevábamos juntos. Desde aquel primer viaje hasta la escuela en que nos descubrimos el fuego, hasta esta distancia del hoy, redescubierta por vos, al saber que cuando me besabas, el otro amor que tenés te circundaba el horizonte, limitándote la cintura.
Por aquel dejaré de perseguirte entre los sueños, el sueño de gaviotas libres que nosotros, al fin, tuvimos por un día, una semana, una cantidad de momentos que no quiero cuantificar.
He querido despedirme con el aire, porque vos ya elegiste, me parece, caminar con tus pies sobre la tierra. Eso es, naturalmente lo normal para quien dudaba tener alas en vez de brazos, y creía no poder volar, como los pájaros.
No me quejo. Jamás podría en modo alguno quejarme por tu forma de ser.
Se balancea y equilibra con todo lo que quisiste compartirme.
Te digo pues, sinceramente, que no se quién fue más valiente a la hora de encontrarse con el otro. Esto es tontamente indefinido a pesar de lo perenne, a pesar de las certezas.
Nosotros, creo yo, las únicas que tuvimos las hemos vivido tan intensamente.
¡Y eso habrá importado !.
Por eso he pensado nuevamente en escribirte, aunque esta vez sea para el no-más, para el despedirnos, y detener por este día, el vuelo de pájaros encendidos que alguna vez tuvimos entre los dos.
Desandando la realidad, retorno a los misteriosos caminos que todavía no están escritos, para devolverte la libertad que nunca perdiste, y te escribo un poco más, nada más que para mantenerte de este modo, por unas pocas horas, en este absurdo correo electrónico, que, lo sé muy bien tanto te preocupa.
Te confieso que había creído posible mantenerme en vos todavía un poco más de ese más que hace unos días te decía, aunque más no fuera, aunque más no sea que nada fuese sino en el extremo de estas pocas palabras, para que con ellas pudieran viajar los principios de mis dedos, e imaginados por el aire, otro poco de mis besos.
Te doy las últimas gracias por leerme, como otras veces te di las gracias por los tiempos que me diste desde el antiguo Teotihuacán, al verde de Urubamba, la melancólica Lisboa portuguesa, o en las calles invisibles de la Cuarta Este ¿Te acordás?, cuando me decías tus “te quiero” susurrando, para que nadie más que yo los escuchara, temerosa de palabras y vecinos, de cercanías y contextos, aunque luego vinieran tus arrepentimientos por haberlas pronunciado.
Por si algún día nos volviéramos a encontrar, y tu mirada volviera a decirme lo que alguna vez me dijo cuando a vos te andaban mariposas por el vientre y a mí los cóndores revoloteando por el pecho... Por si volviera a haber, después de ayer, otro día más entre nosotros, ese día te bastará, ya lo habrás imaginado, que me dijeras, que simplemente sonrieras un ¡hey, Sanches!
Así nomás, sin nada más.
Al escucharte, yo sabré que habrás vuelto, que de nuevo estarás despertándome de mis sueños intranquilos, para decirme breve y totalmente, aquí estoy, he vuelto.
Por este día no me iré jamás de tu costado.
Sucederá entonces, se habrá vuelto a encender nuestra geografía, volverán los recuerdos en alas de los pájaros, y el amor y los fuegos, las maderas y el deseo.
Y eso importará.
Y nada más.
te quiero mucho, mucho, o en el lenguaje que vos me dibujaste con caligrafía redondeada de maestra, aishiteru, cosaimas, cosaimas.