
Hoy, su mirada verde es lánguida
como Verlain cuando le escribía al otoño.
O a la mujer
O a la nostalgia.
Creo que sus labios apenas entreabiertos
expectantes
en arco de cupido
esperan suaves, un suspiro, un aliento
el beso que le dejaron los pájaros ayer por la tarde.
Hace un tiempo un swetter blanco de cuello alto
le enmarcaba el rostro y la sonrisa ancha
joven.
Más joven que hoy,
y apenas unos meses...
¿cómo cuantificar
aquella fragilidad sobria
su llanura Llankanelo
ese humedal no descubierto por la mano del hombre
su pulso de gaviotines blancos alzando altos vuelos de palabras?
Hoy es otro el tiempo
Sobre la mano izquierda reposa la cabeza
Sobre la muñeca una pulsera de tiempos antiguos
Ella sigue mirando.
Hay una ventana en el horizonte de su mirada verde
Y ya no tiene la sonrisa la latitud que ayer
se extendía de Llankanelo a Huanacache
Tal vez simplemente
está esperando que amanezca.
O estén pasando gaviotines blancos
en las cuerdas de los violines de Verlain
y sea simplemente otoño.
O tal vez sea, mucho más mejor
que sus labios apenas entreabiertos
expectantes
en arco de cupido
esperan que retornen suaves,
un suspiro, un aliento
el beso que con el nombre
le dejaron los pájaros ayer por la tarde.
